Científicos australianos utilizan ADN de excremento para salvar a uno de los marsupiales más raros del mundo
Durante décadas se creyó que el potoroo de Gilbert había desaparecido para siempre. Sin embargo, en 1994 este pequeño marsupial fue redescubierto en el suroeste de Australia Occidental, lo que dio inicio a una intensa carrera científica para evitar su extinción definitiva. Hoy, con menos de 150 ejemplares viviendo en estado salvaje, los investigadores han encontrado una herramienta inesperada para protegerlo: sus excrementos.
Un grupo de científicos de la Universidad Edith Cowan está analizando muestras de heces frescas para obtener diminutas pistas genéticas sobre la dieta del animal. El estudio, basado en una técnica conocida como metabarcoding de ADN ambiental (eDNA), permite identificar qué hongos y otros alimentos consume el marsupial sin necesidad de capturarlo ni alterar su comportamiento.
El ADN oculto para evitar la extinción
Los investigadores buscan determinar qué recursos necesita el potoroo de Gilbert para sobrevivir y, sobre todo, qué lugares podrían convertirse en nuevos refugios seguros para la especie. Esto es clave porque la población natural del marsupial vive en una zona extremadamente vulnerable.
En 2015, un incendio forestal destruyó cerca del 90% de su hábitat principal en Two Peoples Bay. El desastre dejó en evidencia el enorme riesgo de depender de una sola población silvestre.
La estudiante de doctorado Rebecca Quah explicó que el objetivo es trasladar algunos ejemplares a otras áreas para crear 'poblaciones de respaldo' capaces de sobrevivir si ocurre otra catástrofe. Sin embargo, encontrar lugares adecuados no es sencillo, especialmente porque el animal tiene una dieta muy específica basada en hongos.
Nuevas poblaciones para garantizar la supervivencia
Gracias al análisis genético, los científicos descubrieron similitudes entre la dieta del potoroo y la de otros mamíferos australianos que también se alimentan de hongos, como los quokkas y las ratas de monte. Esto podría ayudar a identificar ecosistemas con las condiciones necesarias para albergar nuevas colonias.
Los expertos consideran que las translocaciones entre poblaciones silvestres representan actualmente la mejor esperanza para salvar a esta especie única. Ya existen pequeños grupos protegidos en Bald Island y en un área cercada del Parque Nacional Waychinicup.
Para los investigadores, este trabajo demuestra cómo la ciencia no invasiva puede convertirse en una herramienta decisiva para rescatar animales que se encuentran al borde de la desaparición.