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Histórica intervención y ovación al Papa en el Congreso

La imagen del Papa flanqueado por el presidente del Gobierno, el del Senado, el del Tribunal Constitucional y por las presidentas del Congreso, del Tribunal Supremo y del CGPJ, y además por el cardenal secretario de Estado del Vaticano en el Patio del Palacio del Congreso ya ocupa un lugar muy destacado en la Historia de España. Su posterior intervención debe ser interpretada no como una intervención política «al uso» en una democracia parlamentaria, sino como lo que debe ser –y como así fue–, la pronunciada por León XIV desde la presidencia del hemiciclo (y no desde la tribuna) en un singular protocolo a él reconocido, ofreciendo a la representación democrática de los españoles un «faro moral», que debe iluminar su conducta y su trabajo, a favor del bien común de los españoles. Su discurso estuvo siempre a favor de la cooperación y el diálogo, evitando el enfrentamiento y la radicalización que hoy están tan presentes en la política en España.

El Papa no obvió referirse a algunas cuestiones que Benedicto XVI calificó de innegociables para los católicos: en especial, el aborto y la eutanasia. Como era previsible, hizo una especial referencia a la paz y a la inmigracion. En cuanto a la primera, expresó su conocida postura en favor de un derecho internacional que trabaje por la paz, mediante la negociación y el diálogo multilateral, evitando la imposición de un nuevo derecho por medio de la fuerza. Respecto a la inmigración, abogó claramente por la acogida de las personas que se ven obligadas a emigrar para vivir con la dignidad inherente a la condición humana. También fue histórica la ovación unánime de todo el hemiciclo al acabar su discurso, que tuvo una duración de 7 minutos, algo nunca vivido en el Congreso. Las posteriores declaraciones de diversos representantes de las formaciones parlamentarias asistentes abundaron en los elogios y el acuerdo con las palabras de León XIV. Otra cosa es la interpretación y aplicación práctica de las mismas que hagan, habrá ocasión de comprobarlo próximamente en ambas Cámaras. Aunque algunos ya anunciaron discretamente que «no va a haber tregua», seria deseable que el clima ayer vivido de unidad y consenso no fuera un mero oasis en la tempestad política que, por ejemplo, predomina desde los últimos años en la vida política nacional. No deja de ser un signo al respecto la conducta de la portavoz de Junts Miriam Nogueras al saludar al Papa hablándole en inglés, pidiéndole que utilice también el catalán en su estancia en Barcelona por respeto y amor a la tierra que le acoge. Lo de decírselo en inglés quizá fuera por ser la lengua materna del Papa estadounidense, y no querer decírselo en la lengua común y oficial española. Solo faltaron Podemos y el BNG a la extraordinaria sesión, además de los expresidentes Felipe González y José Luis Rodríguez Zapatero. El resto del programa de ayer comenzó con la audiencia concedida a Sánchez en la Nunciatura previa a su intervención en el Congreso, así como el encuentro por la tarde con víctimas de abusos provocados por clérigos de la Iglesia. El Papa calificó de una «llaga abierta» esa situación, ofreciendo «verdad, justicia y reparación» ante los mismos. Su programa terminó en el estadio Santiago Bernabéu, en un encuentro masivo con la comunidad diocesana madrileña. Al igual que el encuentro que mantuvo anteayer en el Movistar Arena con una destacada representación del mundo cultural, económico y del deporte, entre los que podemos citar a Antonio Banderas, que en una emotiva intervención declaró «haber sido víctima del hechizo de Dios» y afirmó que «la Iglesia ha sido el mayor productor de arte en la historia de la humanidad».

También fue significativa la presencia en el encuentro del presidente de la principal patronal CEOE Antonio Garamendi, y de los secretarios generales de UGT y CCOO Pepe Álvarez y Unai Sordo, respectivamente, que expresaron su voluntad de alcanzar por medio del diálogo social condiciones dignas para los trabajadores. Como vemos, la visita apostólica de León XIV a España, la primera suya y 15 años después de la tercera y última de Benedicto XVI, se está desarrollando en un clima de gran consenso social y político, y de una extraordinaria manifestación de devoción popular en la calle. Hoy comienza en Barcelona una nueva etapa en la visita del Papa a España, con un programa que culmina esta noche con una vigilia de oración en el estadio olímpico de Montjuic.

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