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León XIV eleva el listón en el Congreso y deja deberes a la clase política

El Congreso de los Diputados lleva años instalado en un clima de crispación política, donde priman los intereses partidistas y los cálculos electorales, bloqueando e imposibilitando todo lo demás, hasta el diálogo. Pero ayer no fue así. Ayer, sus señorías escucharon atentamente las palabras del Papa León XIV y, al terminar su discurso, le ovacionaron. No fue un evento histórico sólo por su significado [[LINK:EXTERNO|||https://www.larazon.es/espana/papa-cortes-dignidad-puede-subordinarse-consensos-mudables-vaiven-mayorias_202606086a26827a44a9ef682511f63d.html|||—era la primera vez que un Papa habla ante las Cortes—]], sino también por la reacción que provocó.

Ello, a pesar de que el Pontífice habló con claridad cristalina y defendió su posicionamiento ante los principales temas de actualidad en España y en el mundo, un posicionamiento que no buscó ser cómodo ni pasar de largo, sino que entró de lleno en lo que se quería defender. Y aunque nadie comparte íntegramente sus posturas políticas, al finalizar el acto sí hubo unanimidad a la hora de adoptar como propias las palabras de León XIV, al margen de ideologías.

El evento comenzó pasadas las 10:30 de la mañana y, tras la recepción y los debidos saludos protocolarios, León XIV accedió al Hemiciclo del Congreso de los Diputados, reunido en sesión conjunta con el Senado, para dirigirse a los parlamentarios y autoridades allí presentes. Aunque su discurso fue prácticamente inabarcable por la cantidad de temas que tocó, dejó algunas ideas como faro moral para los legisladores.

La "dignidad inviolable" del ser humano fue, probablemente, la pieza clave de sus palabras. León XIV reconoció que el progreso ofrece "posibilidades admirables", pero también retos y que el discernimiento de aquellos responsables de legislar "debe centrarse en qué lugar ocupa la persona humana en nuestras decisiones". "Tal dignidad precede a toda concesión del Estado y no puede quedar subordinada a consensos sociales mudables o al vaivén de las mayorías de cada momento. Pertenece a todo ser humano por el hecho mismo de existir y por eso debe orientar todo ordenamiento jurídico positivo", aseguró.

Uno de los momentos más comentados a posteriori fue cuando, en línea con sus evidentes valores cristianos, el Papa criticó el aborto y la eutanasia, dos derechos legales ahora mismo en España, cuando dijo que "la defensa de la vida debe ser reconocida y custodiada desde su concepción hasta su ocaso natural, en cada circunstancia de su existencia". "Cuando esta certeza se oscurece, los más vulnerables son las primeras víctimas y la ley pierde su significado más profundo: servir y proteger a cada persona", dijo.

Sin embargo, el asunto del que más habló León XIV fue el de la migración. Se trata de uno de los temas que más está saliendo a relucir durante su pontificado y uno de los motivos que justifican su visita a España.

"La situación de los migrantes y refugiados exige una respuesta que mire a las personas, afronte las causas que las obligan a partir y vaya más allá de la mera gestión de flujos. De ahí nace una doble exigencia de justicia social: ofrecer vías seguras y legales, una acogida respetuosa y posibilidades reales de integración; y promover, al mismo tiempo, el derecho a permanecer en la propia tierra, trabajando para que nadie tenga que abandonar su hogar por falta de paz, seguridad o condiciones dignas de vida, entre ellas las desigualdades económicas y los efectos de la crisis climática", aseguró.

"Esa realidad rebasa cualquier lectura puramente demográfica o económica: constituye una cuestión eminentemente moral y jurídica. Allí donde una persona es discriminada por su origen nacional, étnico, religioso o lingüístico, o por su condición económica o social, se vulnera gravemente el principio universal de la igual dignidad de todos los seres humanos", añadió.

Otro de los asuntos que León XIV quiso tratar, ya en clave internacional, fue el creciente belicismo en el que cada vez se están sumergiendo más países. Este es un frente que le ha llevado a enfrentarse incluso con Donald Trump, pero en el que el Papa se ha mantenido firme. Según cree, la paz "exige valentía diplomática, responsabilidad ética y una visión de futuro fundada en el respeto a la identidad de cada pueblo y en la obligación de los Estados de resolver sus controversias por los caminos pacíficos que ofrece el derecho internacional".

"Preocupa que, en diversos lugares del mundo, y también en Europa, vuelva a presentarse el rearme como respuesta casi inevitable ante la fragilidad del escenario internacional. La verdadera seguridad, en cambio, nace de la justicia, del diálogo paciente, del respeto al derecho internacional y de una política capaz de poner la vida de los pueblos por encima de los intereses que se benefician de la guerra", defendió.

El Papa era perfectamente consciente del público que tenía delante y de que la crispación y la polarización campan a sus anchas habitualmente por ese Hemiciclo que ayer le recibía. Y por eso dirigió parte de su discurso, también, a la importancia de las palabras. Dijo que "pueden abrir caminos o cerrarlos, pueden iluminar la realidad o deformarla hasta hacer imposible el encuentro" y recordó que aquellos con responsabilidades públicas tienen una "especial obligación de custodiar la palabra para desarmar el lenguaje". "La firmeza no exige desprecio; la discrepancia no conlleva humillación", dijo, como poniendo deberes a sus señorías.

A pesar de que el discurso de León XIV fue muy crítico con algunos posicionamientos que defienden los distintos partidos políticos, al terminar el acto cada uno hizo suya la parte que más le convenía. En nombre del Gobierno habló Félix Bolaños, ministro de Presidencia y el encargado de las relaciones con la Iglesia: "Son líneas del discurso del Papa con las que el Gobierno está absolutamente alineado, porque nosotros creemos en la paz, creemos en la diplomacia, creemos en el derecho internacional y creemos en la dignidad de todas las personas, vengan de donde vengan. El discurso del Papa es absolutamente concordante, absolutamente coherente con la posición del Gobierno de España", aseguró el ministro, que minimizó las diferencias en asuntos como la eutanasia o el aborto, mostrando respeto a las diferencias ideológicas.

Quien no aportó ni un solo matiz fue Alberto Núñez Feijóo, presidente del PP. Aseguró que el discurso va a formar parte de la historia del Congreso y que su opinión era la de "suscribir desde la primera a la última de sus palabras, lo que ha dicho y cómo lo ha dicho". Eso sí, guardó algún ataque entre líneas para el Gobierno: "El Papa ha venido a honrar el Congreso de los Diputados, lo cual en este momento en España tiene un valor adicional. Pero es que además ha hablado no sólo del fortalecimiento de las instituciones, sino que no hay instituciones sin convicciones", añadió.

Tampoco se dio por aludido el líder de Vox, Santiago Abascal, que agradeció que el Papa fuera "tremendamente elogioso de España" y que desvió las preguntas respecto a las diferencias que tiene con el Papa en cuanto al discurso migratorio. "Creo que todos sabemos distinguir lo que es la política de los discursos y la política práctica", reflexionó.

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