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Primer lío del Mundial: Estados Unidos prohíbe la entrada de un árbitro por sus antecedentes

El Mundial de Estados Unidos todavía no ha comenzado y ya tenemos la primera decisión polémica. Un árbitro elegido para dirigir encuentros no va a poder hacerlo porque Estados Unidos impidió su entrada en el país y la FIFA no puede hacer nada. El país que gobierna Donald Trump tiene muchas restricciones hacia Somalia, de donde es el colegiado.

Árbitro somalí

Omar Abdulkadir Artan iba a pasar a la historia como el primer árbitro de Somalia en pitar en una Copa del Mundo, un hito que se ha esfumado antes de que sonara el primer silbato del torneo. El colegiado somalí aterrizó en Miami el pasado 6 de junio en un vuelo procedente de Estambul y las autoridades de inmigración le impidieron continuar. Allí mismo, tras la inspección rutinaria, fue declarado inadmisible y se le cerró la puerta del país.

El Servicio de Aduanas y Protección Fronteriza de Estados Unidos confirmó lo ocurrido en un comunicado recogido este lunes por ABC News. "Preocupaciones en la verificación de antecedentes" es la justificación oficial que han dado para denegar la entrada, y un portavoz del organismo añadió que Artan fue "declarado inadmisible debido a problemas en el proceso de verificación de antecedentes y se le denegó la entrada", sin ampliar detalles ni aclarar de qué clase de problemas se trata. El caso queda en el aire con esa explicación tan vaga, y la incertidumbre crece porque nadie del CBP ha querido detallar nada más sobre el asunto.

Somalia, en el punto de mira de Donald Trump

Lo que sí está claro es que Somalia figura en la lista de países con restricciones de viaje a Estados Unidos que la administración Trump ha ido ampliando desde que llegó al poder, y eso pone a los ciudadanos somalíes en una situación complicada para cruzar la frontera americana. Artan no es un árbitro cualquiera que haya llegado al Mundial de rebote, además fue elegido árbitro masculino del año 2025 por la Confederación Africana de Fútbol, uno de los reconocimientos más importantes que existe en el continente para un colegiado. Ese mérito, sin embargo, no ha bastado para superar los filtros migratorios estadounidenses.

La FIFA, por su parte, ha emitido un comunicado en el que explica que el organismo que organiza la Copa del Mundo queda al margen de los procesos de inmigración del país anfitrión, incluida la concesión de visados. En la práctica, eso significa que el máximo organismo del fútbol mundial no tiene herramientas para intervenir cuando un gobierno impide la entrada de alguien, aunque ese alguien haya sido designado oficialmente para trabajar en el torneo. La FIFA eligió a Artan, lo acreditó, lo incluyó en su lista de árbitros y ahí acaba su capacidad de actuación.

El episodio llega en un momento especialmente sensible, con el torneo a punto de arrancar y con la mirada puesta en cómo Estados Unidos gestiona un evento de esta magnitud. Acoger un Mundial implica recibir a personas de todo el planeta, y las restricciones de viaje que aplica la administración Trump a determinados países chocan de frente con esa lógica. Somalia es uno de esos países, y el caso de Artan es la prueba más visible hasta ahora de que esa tensión tiene consecuencias reales sobre las personas que participan en la competición.

Artan ha perdido la oportunidad de convertirse en un referente histórico para el fútbol somalí y para el fútbol africano en general, y lo ha perdido por una decisión administrativa que nadie ha explicado con claridad. El Mundial arranca esta semana con ese sabor agrio de fondo, con un árbitro fuera del torneo antes de que el torneo haya empezado, y con una FIFA que reconoce abiertamente que no puede hacer nada cuando un país anfitrión cierra sus fronteras a alguien a quien ella misma ha elegido.

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