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Las historias de amor de Shelly Ramírez Pino: "Vivo con miedo a que Leiva me denuncie"

Su 1,80 de estatura y rasgos mestizos (característica que le encanta resaltar, cómo para no) dejan claro que ella es una mujer de armas tomar. O caballos montar, pues es una de sus pasiones, a la cual no sólo dedica su tiempo libre, también su profesión. Shelly Ramírez Pino escribe para este medio sobre hípica. Aparte, es la CEO de Chacco Marketing, una agencia de publicidad para aquellos trabajadores del mundo ecuestre.

La carrera en este hipódromo le ha llevado ahora a escribir su primera novela. “Aunque suene a fantasma, con tres años yo ya leía y escribía”, constata ella. De hecho, declara que cuando era pequeña fue diagnosticada de altas capacidades, por lo que le tuvieron que subir un curso para así poder compartir clases con gente con intelecto equitativo. Si ha de destacar las tramas que le acompañaron durante su infancia, habla de “Manolito Gafotas” y “Los cinco”. A pesar de que las letras le han acompañado desde siempre, asume que “siempre las entendí como una faceta laboral, por lo que no contemplaba adentrarme en la ficción”.

Como muchos retos que aspiramos alcanzar, la idea de cambiar de registro narrativo surgió del impulso de un tercero. En este caso, de su amiga Carolina, que le pidió que expandiera su habilidad con la pluma. “En esta vida necesitas gente que te empuje para salir de tu zona de confort”, le agradece la autora, que decidió llamar a su protagonista literaria con su nombre.

“Sopa de cebolla… los ochos capítulos del amor” es una historia sobre, valga la redundancia, el amor. Tanto el romántico como el propio. Carol es una mujer con una vida modélica, trabajando en lo que le apasiona, invitada a exclusivas fiestas y que no necesita llevar una alianza para sentirse completa. Sin embargo, una búsqueda de un usuario en LinkedIn cambiará sus prioridades, y no precisamente por temas laborales, haciendo difícil reprimir lo que su corazón le marca. De arrebatos, tanto de pasión como de creatividad, está inundado el libro, pues su artífice reconoce que lo escribió en 10 días. “Con organización se puede hacer todo, y como vivo de mi ingenio, no me costó”. Y este apremio no ha sido inconveniente, pues la periodista se muestra sorprendida de que su obra esté gustando, declarando que le han llegado mensajes de agradecimiento de incluso México y Colombia.

Ordenar el dolor

Esta facilidad para desarrollar su historia reside en que es una autoficción. Es decir, Carol no deja de ser un trasunto de la propia Shelly. “A mí me rompieron el corazón, por lo que las noches siguientes decidí invertirlas en esta narración en vez de pensar en mi mala suerte con los hombres”, sentencia con sinceridad. “Tenemos que intentar proteger nuestros sentimientos. Tras una ruptura puedes llorar, caer en las drogas o cortarte las venas. Sin embargo, como me quiero mucho, decidí utilizar una herramienta que se me da bien, la escritura, y así dejar un legado”, explica la creadora sobre la paradoja artística de convertir la tristeza en una bella creación, aunque también reconoce que le cuesta mostrarse vulnerable. A pesar del tono autobiográfico que su escrito posee, los caballos tienen un papel totalmente secundario, pues “una de mis ideas al hacer esta novela era experimentar”.

A través de ocho partes, que si se tumba el número no fortuitamente aparece un infinito, observamos este amor incipiente. Acompañando a las palabras, hay una banda sonora, pues en muchos extractos se mencionan canciones de Leiva. “Vivo con miedo a que me denuncie”, asegura la redactora cómicamente. “Leiva me parece un lugar seguro y un gran poeta, me encanta cómo habla de sentimientos desgarrados”, relata.

«Me rompieron el corazón y decidí dejar un legado escrito»

Shelly Ramírez Pino

La música es uno de sus espacios para “ordenar mi dolor”, como dicta, pero también la gastronomía, sobre todo con el plato con el que titula la novela. “La sopa de cebolla me encanta y me parece un menú ideal para una cita romántica”. Y, de paso, recomienda su restaurante preferido en Madrid para degustarla: Murillo Café.

En ese cuenco que te ha de quemar la lengua para poder palpar su gusto reside la metáfora del libro: el amor se puede encontrar en muchos sitios. “Vivimos con la idea errónea de que una relación tiene que ser de Disney, pero, ¿qué pasa con la gente que encuentra el amor en su oficio, o en un animal?”, sentencia la comunicadora, que aunque no esté cerrada a iniciar una relación, no es su prioridad. Mientras, la dejamos con sus dos amores declarados: “yo misma y LA RAZÓN”. Bueno, y con su nueva creación, pues ya se encuentra desarrollando una nueva historia. ¡Bon appétit!

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