La legislación se pasa al código digital y el algoritmo de IA
Durante años, el sector legal se oponía a la inteligencia artificial (IA) porque los modelos de lenguaje no entendían bien la terminología jurídica y los abogados miraban con escepticismo estos algoritmos.
Pero el panorama ha cambiado radicalmente y han aparecido muchas aplicaciones para este ámbito jurídico y normativo porque, tal y como explica Alex Dantart, fundador de Justicio (una de las herramientas de consulta legal gratuita más veteranas del mercado español), «en los últimos meses ha habido una mejora» de estos modelos que han supuesto «un salto hipercualitativo para generar software» de manera «barata». Pero, además, los modelos de lenguaje han alcanzado un nivel de comprensión del idioma jurídico que antes era imposible. Omar Puertas, Legal Innovation Partner de Harvey, plataforma de inteligencia artificial para el trabajo jurídico respaldada por OpenAI, asegura que, aunque «no son perfectos, porque son probabilísticos, ahora comprenden con mucha más finura el lenguaje legal2. Harvey, que acaba de abrir oficina en Madrid con alianzas con firmas como Cuatrecasas, Gómez-Acebo & Pombo, PwC España, Carrefour y Repsol, se posiciona en el segmento de grandes despachos y corporaciones, y lleva años perfeccionando ese ajuste entre los modelos de lenguaje y las necesidades del trabajo legal cotidiano.
La propuesta de Harvey no se vincula a un único proveedor de IA sino que evalúa en tiempo real cuál de los grandes modelos (GPT, Claude, Gemini…) responde mejor a cada consulta. Para ello cuenta con un equipo interno (Big Law Bench), formado por más de un centenar de abogados que testean el rendimiento de cada sistema. Jorge Bestard, vicepresidente de Ventas para la región EMEA de Harvey, considera que, precisamente por la velocidad a la que están avanzando las plataformas de IA, «elegir un único modelo es una estrategia fallida. Nosotros interpretamos la pregunta, la probamos frente a todos y elegimos la mejor respuesta». El objetivo declarado de la compañía es convertirse en el «sistema operativo» del área legal, lo que significa responder consultas e integrarse con las aplicaciones que ya usan los equipos jurídicos.
También para el usuario
Frente a ese modelo orientado a grandes organizaciones, Legalitas ha lanzado Álex, un asistente de IA dirigido al ciudadano final, gratuito y sin limitación de consultas. Josep Miret, CEO de Álex AI, asegura que su desarrollo es la respuesta a una amenaza, pero también a una oportunidad. El activo diferencial no es tecnológico en sentido estricto, sino documental. Según sus datos, Legalitas resuelve más de un millón y medio de consultas al año. Todas ellas son transcritas y anonimizadas para entrenar a Álex con la forma en que abogados reales interpretan la legislación y qué preguntas formulan ante cada tipo de caso. «Cuando usamos esa información en un formato digerible para la IA, el problema de navegar la legislación compleja se reduce: delegamos en el criterio del abogado que sabe», explica Miret.
El resultado es que el 80% de las consultas que recibe Álex se resuelven dentro de la propia conversación, sin necesidad de derivar al usuario a un abogado, según los datos de la compañía. Las restantes (aquellas que requieren actuación judicial) se canalizan hacia servicios de pago, lo que configura el modelo de negocio de la plataforma y lo que permite que los abogados en Legalitas no se opongan a este sistema, pues les conlleva una ventana de oportunidad y reducir preguntas de clientes que no se transformarían en negocio.
En cuanto a las materias más frecuentes para preguntar, destacan laborales (el 30% del total), vivienda y familia. Miret insiste en que el valor del asistente no reside en dar respuestas genéricas, porque planteará tres o cuatro preguntas antes de dar esta «respuesta contextualizada con tu situación». En menos de un año, la plataforma acumula más de diez millones y medio de consultas y decenas de miles de usuarios activos.
Tanto en el segmento de grandes empresas como en el de usuario final, la cuestión de la privacidad de los datos sigue siendo uno de los temas que más duda genera a la hora de confiar en una IA para resolver cuestiones legales y para entrenarla.
Harvey asegura que los datos de sus clientes nunca se utilizan para entrenar sus sistemas. «Los datos son privados y confidenciales; ni siquiera tenemos acceso a ellos», subraya Puertas. Legalitas, por su parte, mantiene la infraestructura tecnológica en sus propios servidores y explica que el modelo de lenguaje, en este caso Gemini, únicamente procesa la información y devuelve respuestas según las normas definidas por la compañía, sin almacenar datos.
Sin embargo, Dantart advierte de que precisamente este tema será uno de los próximos frentes de conflicto, puesto que se está trabajando en marcos normativos que podrían restringir ciertos usos de asistentes legales basados en inteligencia artificial.
También quedan otros frentes por resolver para confiar plenamente en la IA aplicada al sector lega, como la dificultad de interrelacionar normativas de diferente ámbito (leyes estatales, autonómicas y europeas), que se influyen mutuamente de formas que no siempre son evidentes.
Sin quitar el trabajo
Por eso, los expertos en este ámbito insisten en otro de los mantras más frecuentes sobre la aplicación de la IA en los trabajos: es una herramienta que potenciará a los humanos, sin reemplazarlos.
Puertas, con 25 años de experiencia en grandes firmas, defiende que la inteligencia artificial no elimina el valor del abogado sino que lo desplaza hacia el criterio. «La IA no viene a quitar trabajo, viene a integrar capacidades: análisis masivo de datos, aumento cognitivo, agilidad ante la complejidad regulatoria. El ‘premium’ se desplaza al criterio humano. En un mundo donde la generación es barata, lo valioso es decidir. Y eso sube de precio». Bestard, desde su experiencia previa en el sector del diseño digital, asegura que igual que «los creativos no se metieron para maquetar manualidades; los abogados no se hicieron abogados para tachar PDFs durante horas».
Donde sí hay coincidencia entre los distintos actores es en que la adopción real por parte de los despachos será más lenta que el ritmo al que aparecen nuevas soluciones. El sector legal, recuerda Dantart, sigue siendo tecnológicamente conservador. «En 2026 aún hay despachos que trabajan directamente en papel. Creo que se van a abrumar con la llegada de la IA». Para Bestard, este año será clave con la aparición de los primeros agentes de inteligencia artificial capaces de ejecutar tareas legales de principio a fin sin intervención humana en los pasos intermedios. «Dependiendo de la tarea, actuará de forma asistida y con validaciones para las críticas; para las rutinarias, puede ejecutar de principio a fin. Este será el año en que los agentes empiecen a actuar por los abogados en flujos concretos»., augura.
Para Dantart, el verdadero valor no está en la etiqueta de inteligencia artificial que hoy vemos en cada nueva propuesta del mercado, sino en la capacidad de fundamentar y argumentar las respuestas con rigor jurídico. «Se está vendiendo ‘IA’ en el título, pero lo crítico es la interrelación normativa y la fundamentación jurídica», subraya.