El adiós de los fieles: "Contigo, León, un solo corazón"
El Santiago Bernabéu no olía esta vez a noche de Champions ni vibraba al ritmo de un derbi. Desde primeras horas de la mañana, el estadio se transformó en un lugar de encuentro muy distinto, donde los cánticos habituales dejaron paso a oraciones, aplausos y una expectación inusual ante la llegada del Papa León XIV.
No era la primera vez que un Pontífice pisaba el césped del estadio madrileño, pero sí lo fue para toda una generación. En 1982, Juan Pablo II convirtió el estadio blanco en una inmensa plaza de fe a la que acudieron más de 90.000 fieles, lo que marcó un hito en la memoria pastoral del Madrid católico y abrió la tradición del Bernabéu como recinto de actos eclesiales de gran convocatoria. Desde entonces, ningún Papa había protagonizado un acto de semejante magnitud en el recinto. Hasta el día de ayer.
La transformación del lugar comenzó varios días antes de la llegada del pontífice a España. Poco a poco, el Bernabéu fue perdiendo su aspecto de estadio de fútbol para adoptar el de una gigantesca catedral al aire libre, con las imágenes de la virgen de la Almudena y el Cristo de Medinaceli presentes en el terreno de juego, listas para su posterior procesión. Sobre el césped se levantó un escenario monumental, se instalaron pantallas para acercar la ceremonia a todos los rincones del recinto y se reforzaron los accesos para recibir a miles de peregrinos llegados de distintos puntos de España.
El cambio era tan evidente que, por unas horas, costaba reconocer el escenario habitual de las grandes noches del Real Madrid, aunque el vínculo entre el club blanco y la visita papal también quedó reflejado en un detalle llamativo: en la tienda oficial del equipo se podía comprar una camiseta personalizada de León XIV.
Aunque el inicio oficial del acto estaba previsto para las 19:00h, desde las tres de la tarde multitud de fieles empezaron a llegar al estadio, como fue el caso de Carolina y su familia, pertenecientes a la parroquia de Santa Sofía (Alcorcón). Con mucha emoción, esta mujer venezolana afincada en Madrid desde hace décadas recuerda que ya vio aquí a Juan Pablo II, por lo que le parece «muy emotivo» poder ver ahora al nuevo Santo Padre. «El ambiente durante todo el fin de semana ha sido precioso. Esperamos lo mismo para hoy. Al final tú vas con tu Iglesia y tu grupo pero es muy fácil hablar y conocer a otros fieles, a otros cristianos hermanos. Eso me deja muy esperanzada», cuenta a LA RAZÓN. A su lado está Juan, su hijo de diez años, tremendamente feliz «porque por primera vez en mi vida voy a ver a un Papa». Ni el calor ni las largas horas de espera son un impedimento para este niño, al que le gustaría ser cura y quien espera que «este viaje a España de León XIV traiga muchas conversiones». A las cuatro de la tarde, Carolina y Juan ya están en sus asientos.
Juan tiene un pequeño libro para pasar el rato y no aburrirse «de ninguna manera», aunque lo cierto es que el aburrimiento no se contemplaba demasiado en el Bernabéu desde primera hora de la tarde. «Nosotros nos hemos encontrado con gente de otras parroquias que conocíamos, al final te pones a hablar con cualquier persona y tienes cosas en común. Nada es aburrido para esperar al Santo Padre», dice Carolina.
Guillermina llegó el miércoles pasado a Madrid desde Suiza, su lugar de residencia. Lo cuenta como si, en vez de un avión, hubiera venido dando un ligero paseo: «Volvería a venir desde cualquier parte del mundo para ver a León XIV. Cuando conocí la noticia de su visita a España no dudé ni un momento y saqué los billetes. Para mí es muy especial estar aquí en el Bernabéu», explica muy emocionada a este periódico. Ha acudido a todos los actos públicos del Pontífice y aunque reconoce «cierto cansancio», asegura que cada minuto ha merecido la pena: «Ni la multitud de gente, ni el calor, ni las horas de pie importan cuando tienes delante la palabra de Dios y a su representante en la Tierra».
Víctor es catequista y aunque no ha tenido que hacer tantos kilómetros como Guillermina, asegura que cogería un avión si León XIV visitara cualquier otra ciudad europea. Este hombre afirma que ha vivido uno de los fines de semana más «especiales» de su vida, y que ha sido muy gratificante ver a toda una ciudad volcada con el Papa. «Después de estos días siento que ahora tengo más fuerza para llevar el mensaje de Dios a quienes tengo cerca. Ha sido precioso ver cómo todos los cristianos nos hemos unido, formando un solo cuerpo en unión con Cristo», explica.
Son muchas las personas que no olvidarán los días que se han vivido en Madrid y que han demostrado que la espiritualidad... une.