A las cuatro comenzará el rito. Las túnicas blancas cuelgan como espectros, siluetas de la ausencia que anuncian que volverás a ser anónimo. Las papeletas, diplomas que decretan el lugar y el rango en la fila que nos iguala a todos, forman el bodegón familiar. Los capirotes apuntan ya al cielo que, como la ceniza de hace escasamente 40 días, señalan el paraíso al que aspiras cuando pasen las glorias mundanas, y desde donde están los que te antecedieron, revestidos de la pureza con la que se marcharon. Читать дальше...