El negocio de la tragedia
El lunes, en pleno shock por el accidente de Adamuz, en el vestíbulo de Santa Justa sólo había silencio. La habitual bulliciosa estación era un tanatorio cuyas pantallas marcaban en rojo las cancelaciones de trenes hacia Madrid. Apenas entraban viajeros en busca de información sobre las posibles alternativas a una conexión interrumpida sine die, y que no llegaba todavía. Fuera, cientos de personas hacían cola en los puntos de alquiler de coches, cuyos precios habían sobrepasado la barrera de la decencia. Читать дальше...