Hace un par de semanas que todas mis conversaciones empiezan igual: qué buen tiempo hace, ¿no?, y a esto le sigue una mirada al cielo con los ojos cerrados, que es como se ve mejor, con los ojos cerrados y los pulmones llenos, expirando luego algo así como el invierno, que se mete muy adentro en las tardes de lluvia, cuando las terrazas de Madrid están vacías y la gente conduce como si escapara del fin del mundo o de una inspección de Hacienda, pero solo quieren llegar a casa para quejarse con su mujer de lo mal que llueve en esta ciudad. Читать дальше...