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Betancuria: El Pueblo Más Bonito y Vacío de la Isla

  1. Un refugio interior con historia
  2. El cambio de capital y el despoblamiento
  3. Un viaje al pasado
  4. La Virgen de la Peña y las tradiciones

Betancuria, situada en Fuerteventura, se destaca como uno de los pueblos más impresionantes de las Islas Canarias y como uno de los sitios con mayor preservación histórica. Establecido en 1404 por Jean de Bethencourt, un explorador normando, y su colega Gadifer de la Salle, se estableció como la primera capital de Fuerteventura. No obstante, que actualmente sea uno de los poblados más desocupados de la isla también refleja las intensas transformaciones que ha sufrido la región a través de los siglos.

Un refugio interior con historia

Zona conventual de Betancuria Foto: Cabildo de Fuerteventura / Europa Press

En los inicios de la colonización, los colonos europeos seleccionaron Betancuria como capital y asentamiento estratégico, gracias a su localización en el interior de la isla. En contraste con las costas, con sus 325 kilómetros de litoral y 77 kilómetros de playas abiertas al mar, el interior proporcionaba una cierta salvaguarda. La cercanía de Fuerteventura con África, a tan solo 100 kilómetros, convirtió las costas en un objetivo atractivo para piratas y esclavistas que capturaban la isla en búsqueda de botines y cautivos.

La ubicación resguardada de Betancuria, circundada por montañas y distante de la costa, proporcionaba una protección relativa contra estos ataques. Adicionalmente, la región disponía de un suministro de agua dulce a través de la vega del río Palmas, uno de los escasos flujos de agua de la isla. Este recurso natural resultó crucial para los primeros residentes y para el progreso de la agricultura, que se transformó en una fuente de subsistencia indispensable para el asentamiento.

El cambio de capital y el despoblamiento

Con el transcurso del tiempo, Fuerteventura empezó a expandirse y su capital se mudó a Puerto del Rosario, una ciudad costera más amplia y vinculada con el comercio por mar. Este cambio señaló el comienzo de la decadencia de Betancuria como núcleo de administración y comercio. El progreso económico y el crecimiento de las áreas turísticas en las costas provocaron una despoblación progresiva de Betancuria, transformándola en un sitio pacífico y aislado.

Hoy en día, el pueblo dispone de una población limitada y un ambiente de paz y serenidad que parece frenar el tiempo. Los turistas tienen la oportunidad de pasear por las calles empedradas y observar las antiguas viviendas de piedra con balcones de madera de pino canario, una imagen que evoca los tiempos de la colonización. Pese a que la localidad ha perdido gran parte de su papel de núcleo económico y administrativo, ha adquirido un valor particular como legado histórico y cultural.

Un viaje al pasado

Es una experiencia inigualable para los visitantes que se alojan en las áreas costeras de Fuerteventura al llegar a Betancuria. La visita al pueblo supone cruzar un entorno semidesértico en el que el tono marrón de las montañas y el verde de la vegetación se contraponen con el azul del firmamento. Betancuria se presenta como un oasis en el desierto, una modesta población que parece aparecer como un espejismo en el horizonte.

Cuando se ingresa a Betancuria, se percibe un ambiente de épocas pasadas. La iglesia de Santa María de Betancuria se destaca como uno de los mayores encantos de la localidad. Este templo, igualmente denominado la iglesia Matriz de la Concepción, es una construcción asombrosa que conserva en su interior retablos y piezas de arte sacro muy apreciadas. La iglesia, tras ser devastada en una incursión pirata en 1593, fue reconstruida en el siglo XVII, y actualmente es uno de los monumentos históricos más preservados de la isla.

La Virgen de la Peña y las tradiciones

Ermita de la Virgen de la Peña. Foto: Cabildo de Fuerteventura / Europa Press

Una de las riquezas más preciadas de Betancuria es la Virgen de la Peña, también llamada con afecto "la Peñita". La Virgen es venerada en toda Fuerteventura y su sitio de adoración se encuentra a aproximadamente 5 kilómetros al sur de Betancuria, en una diminuta ermita. Cada septiembre, la iglesia de la Virgen de la Peña se transforma en el núcleo de una de las festividades más relevantes de la isla, a la que asisten fieles de todas las zonas de Fuerteventura.

Esta devoción hacia la Virgen de la Peña no solo muestra el valor de la religión en la existencia de los isleños, sino que también representa la identidad cultural y las costumbres que han subsistido a través de los siglos. La romería refleja el profundo vínculo entre los habitantes de Fuerteventura y sus orígenes históricos y culturales.

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