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La fama

Que dios me perdone: hay una dosis de hipocresía en los buenos deseos que en estos días he repartido entre familiares, amigos y conocidos.

La razón es que todo me induce a presagiar un año sombrío, los pequeños hechos y los grandes acontecimientos. Los primeros solo me importan a mí, los otros conciernen a todos, o a muchos, o a la mayoría; yo sufriré sus consecuencias como los demás.

Respecto de los primeros, puedo hacer un poco como hacía el toro de la canción, enamorado de la luna, “que abandona por las noches la maná”. Sustraerme y correr a solas mi propia suerte. Así, por ejemplo, fui al banco: el lugar es diminuto y la fila salía a la calle y más allá. Decidí retirarme, y en su lugar ir al correo por el marchamo: una empleada que transpiraba aburrimiento me aseguró que no había llegado ninguno para mí; cuando, abrumado por la inminencia de las multas, abandonaba el lugar, el otro funcionario que allí había, más acucioso, lo encontró y me lo entregó.

Por otro lado, está el gran mundo, cuyos destinos, aquí y allá, la bienintencionada ideología predominante nos manda creer que dependen también de nuestra voluntaria participación, aún ahora que la legitimación democrática cede como nunca a otra clase de legitimación, a caballo sobre la primera. Aquella ideología predica: “un hombre, un voto”; que se lo crea Musk.

Claro que lo que pasa en el gran mundo es casi extravagante. La trama de la última novela de Michael Connelly, La espera, que como otras suyas es oro en polvo para quienes suspiramos por la literatura policial, aprovecha el episodio acaecido exactamente cuatro años atrás, el 6 de enero del 2021: el asalto al templo del oficio político de un poderoso país del norte de América. La leía en el mismo momento en que un tribunal federal de apelaciones confirmaba la sentencia que condenó al inspirador de aquel suceso por abuso sexual y difamación (La Nación, 30 de diciembre del 2024).

Trataré de disfrutar mi intrascendencia. A propósito, dice el actor Jeremy Irons (El País) que convertirse en persona pública lo sobrepasó un poco. “De pronto, el mundo es tu pueblo: te saludan por la calle”. Un día, caminando por una gran ciudad lo vi venir, pero no me atreví a saludarlo. ¡De haberlo sabido!

carguedasr@dpilegal.com

Carlos Arguedas Ramírez fue asesor de la presidencia (1986-1990), magistrado de la Sala Constitucional (1992-2004), diputado (2014-2018) y presidente de la Comisión de Asuntos de Constitucionalidad de la Asamblea Legislativa (2015-2018). Es consultor de organismos internacionales y socio del bufete DPI Legal.

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