Investidura de Donald Trump
De acuerdo con la normativa electoral estadounidense, el presidente electo será juramentado y tomará posesión de la Casa Blanca el 20 de enero.
La ceremonia es una oportunidad para atestiguar la fortaleza del sistema institucional de Estados Unidos, y así es como se presenta la performance tanto sociopolítica como artística en esa fecha.
Revestido de solemnidad, el Capitolio, en sus exteriores y ante cientos de miles de personas como testigos, será el escenario una vez más del cambio de mando, cuando Joe Biden entregue la presidencia a Donald Trump.
A diferencia de lo sucedido en el 2021, cuando seguidores de Trump irrumpieron en el acto de certificación de Biden debido a que el republicano se negaba a aceptar los resultados de los comicios por considerarlos fraudulentos, en esta ocasión la transición parece que se llevará a cabo con la tranquilidad y estabilidad necesarias.
Hace algunos días, Biden y Trump dieron muestra de ello al aparecer juntos tras la acostumbrada sesión de transición, una tradición del establishment político estadounidense.
En medio de esta aparente calma y de la promesa de una investidura ordenada y pacífica, surgen cuestiones álgidas de política internacional, específicamente sobre los migrantes.
Una de las promesas de campaña que llevó a Donald Trump a ganar millones de adeptos es la inmediata expulsión de millones de migrantes.
Todo apunta al advenimiento de un escenario adverso para los extranjeros indocumentados que intenten ingresar al país, paradójicamente a un territorio cuya historia ha sido construida por migrantes procedentes de diversas latitudes.
Sin embargo, lo que se anuncia como una “nueva política” no parece serlo tanto. Un informe del Servicio Nacional de Inmigración (ICE, por sus siglas en inglés) revela que, entre octubre del 2022 y setiembre del 2023, se registró la mayor cifra de deportaciones desde el 2014. La cifra, 271.484, confirma una política securitaria y restrictiva que parece trascender las diferencias partidarias.
El enfoque predominante en la política migratoria estadounidense no muestra transformaciones profundas entre demócratas y republicanos. Aunque se atribuye a los demócratas cierta retórica humanitaria, sus prácticas en las últimas administraciones han contravenido estos valores.
Debemos permanecer atentos a los primeros vientos del 2025 en materia de administración migratoria en Estados Unidos, pues nos incumbe como país de tránsito de cientos de personas que dirigen sus destinos hacia el norte.
No serán precisamente “vientos de cambio” los que acompañen las primeras directrices presidenciales, y nos corresponderá, como región, imaginar nuevos escenarios para disminuir las causas estructurales y coyunturales que originan la movilidad humana, una de las estrategias de sobrevivencia más utilizadas en nuestra región.
guillermo.acuna.gonzalez@una.ac.cr
Guillermo Acuña González es vicedecano de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad Nacional (UNA).