La pipa
La tarde que Tejero entró con su arma reglamentaria y unos cuantos guardias despistados en el Congreso de los Diputados y gritó desde el estrado aquello de todo el mundo quieto y se me sientan, coño, Julio Anguita , que era el alcalde de esta ciudad, se encastilló en su despacho del Ayuntamiento y colocó junto al paquete de Ducados y a los expedientes del día su revólver Astra del calibre 38. Por si llegaba el caso de tener que defenderse. «Tenía claro que lo iba a usar si era necesario», solía responder el excoordinador general de Izquierda Unida a quien se lo recordara entre partida y partida de dominó con sus compadres de los soportales de la plaza de... Ver Más