La infiltración de agentes en organizaciones catalanas dividió a los mandos de la Policía
- Policías infiltrados
- Objetivo: información sobre el independentismo en Cataluña
- Ante el referéndum ilegal
- Las protestas contra la sentencia del Supremo
- Dudas de comisarios de la Policía Nacional
- Captar y pagar a colaboradores
- Empleados de instituciones públicas
- Un ‘servicio’ desconocido
- Informadores afines: los reservistas voluntarios
- El imán de Ripoll
- Captar por afinidad
Los casos de policías nacionales descubiertos cuando estaban infiltrados en movimientos de extrema izquierda e independentistas en Cataluña, Valencia, y también en Madrid, llevan años siendo denunciados por esos sectores políticos.
El asunto ha recuperado actualidad por un reportaje emitido en TV3 que recopila estos casos y revela nuevos detalles sobre cómo actuaban esos infiltrados y qué pasó cuando supieron que los habían descubierto.
Este reportaje, y las nuevas informaciones que está publicando La Directa, un medio de izquierda radical e independentista de Cataluña, vuelven a tratar de denunciar la actuación y a sacarle los colores a la Policía Nacional, y más concretamente a la Comisaría General de Información, la unidad que vigila a los yihadistas, pero también a otros movimientos, incluidos los de extrema izquierda y ultraderecha, así como al independentismo radical.
Policías infiltrados
Al menos desde el año 2022, y por goteo, diarios digitales de tendencia izquierdista e independentista han sacado a la luz presuntos casos de policías nacionales que estaban o habían estado infiltrados en organizaciones sociales y movimientos políticos de izquierda radical, y también en algunos casos vinculados al independentismo catalán, como los Comités de Defensa de la República (CDR).
Además de casos en Cataluña y la Comunidad Valenciana, en 2023 El Salto Diario difundió un episodio de infiltración de un policía nacional en organizaciones de extrema izquierda en Madrid, como Distrito 14 (del distrito de Moratalaz) y Movimiento Antirrepresivo de Madrid.
Llamaba la atención el que durante años se fueran denunciando sucesivos casos de infiltrados que habían sido ‘cazados’ en distintas organizaciones de extrema izquierda e independentistas, la mayoría de ellos en Cataluña, cuando hasta el momento no era frecuente que estos agentes fueran detectados. Además, se desvelaba mucha información sobre los agentes: nombres y apellidos, fotografías, lugar de origen, promoción de la Escuela Nacional de Policía...
Objetivo: información sobre el independentismo en Cataluña
Confidencial Digital ha podido recabar, en los servicios de información e inteligencia españoles, información sobre el eco de estas infiltraciones y sobre su final abrupto,
El asunto lleva años siendo objeto de comentarios entre miembros de estos servicios, sobre todo en contactos y conversaciones de mandos de la Policía Nacional dedicados a estas labores de información.
Las fuentes consultadas revelan que la estrategia de infiltrar agentes en colectivos relacionados con el independentismo radical catalán, y de extrema izquierda, tiene su origen en la intentona secesionista del otoño de 2017.
Ante el referéndum ilegal
El referéndum ilegal de independencia convocado para el 1 de octubre de 2017, y los preparativos que hicieron el Govern de la Generalitat, partidos y organizaciones nacionalistas, para tratar de lograr la ruptura de Cataluña con el conjunto de España, movilizaron a todos los servicios de inteligencia e información de ámbito nacional.
Por ejemplo, la Guardia Civil envió a Cataluña en los meses previos cerca de 200 agentes del Servicio de Información (el equivalente a la Comisaría General de Información de la Policía Nacional).
Según se contó en estas páginas, esos guardias civiles comenzaron a infiltrarse, en unos casos, y en otros a captar confidentes, en instituciones públicas gobernadas por los independentistas (Generalitat, diputaciones, ayuntamientos) y en empresas que pudieran estar implicadas en los preparativos de la secesión, como imprentas para las papeletas de la votación, empresas de mensajería...
Las protestas contra la sentencia del Supremo
Este refuerzo de guardias civiles de Información se mantuvo tras 2017, y se volvió a intensificar en 2019, por las protestas contra la sentencia del Tribunal Supremo, que los independentistas pretendían utilizar como nueva oportunidad para lograr la secesión.
Por parte de la Policía Nacional, en los años previos las brigadas provinciales de Información, como la de Barcelona, monitorizaban algunos movimientos del independentismo catalán, sobre todo ante manifestaciones, y con el objetivo de evitar altercados y ataques a instituciones del Estado en Cataluña.
“Pero en 2017 la Policía no tenía a nadie infiltrado” en este tipo de entidades, aseguran fuentes de la comunidad de inteligencia.
Dudas de comisarios de la Policía Nacional
Como la Guardia Civil, también la Policía Nacional se volcó en ese desafío. La Comisaría General de Información y la Brigada Provincial ya estaban investigando documentación y datos relacionados con la intentona secesionista fracasada, pero necesitaban acceder a mejor información.
“Se pusieron las pilas” -aseguran-, y en ese empeño por lograr información de primera mano sobre los movimientos presentes y futuros de las organizaciones independentistas en Cataluña, comenzaron a enviar a agentes de Información para que llevaran a cabo infiltraciones de largo recorrido en esos colectivos.
Pero la decisión no la compartieron algunos altos mandos de la Policía Nacional. Así lo aseguran las fuentes consultadas por Confidencial Digital, conocedoras de esas discrepancias internas entre mandos dedicados a controlar la amenaza del independentismo radical y rupturista en Cataluña.
Sus reticencias se justificaban en la dificultad que tendría lograr ‘colar’ un policía nacional, con una identidad operativa creada para esa operación, en los grupos independentistas y de extrema izquierda que impulsaban las movilizaciones, algunas violentas, a favor de la secesión.
Captar y pagar a colaboradores
Eran escépticos sobre las posibilidades de éxito de estas operaciones. Consideraban más factible y menos arriesgado intentar captar colaboradores en esos colectivos. Se trataría de lograr información de miembros de estos movimientos, que se convirtieran en confidentes de la Policía a cambio de dinero, por ejemplo, o presionados de alguna forma.
“Es más seguro, y más rentable”, explican esos mandos. Se reducen riesgos, ya que, si destapan a un confidente, el servicio o cuerpo que lo tuviera captado puede negar cualquier relación con él; pero, si se descubre a un agente infiltrado, como ha sido el caso, se pone en evidencia al servicio y además la seguridad del agente queda seriamente amenazada.
Tras los casos de infiltrados descubiertos, y expuestos públicamente, entre expertos en información e inteligencia dan por hecho que la Comisaría General de Información ha cambiado la forma de actuar y es mucho más refractaria a asumir la “vulnerabilidad” que supone introducir a un agente en el ámbito del que se busca obtener información.
Empleados de instituciones públicas
La estrategia de captación de confidentes, en vez de infiltración de agentes, también se ha aplicado en las investigaciones de los servicios de información sobre el independentismo catalán.
Ya se ha mencionado los casos de empleados de instituciones públicas y de empresas privadas, que en 2017 facilitaron información a la Guardia Civil sobre los preparativos del 1-O.
Años después, en junio de 2022, el diario Ara y de nuevo La Directa revelaron que un ex militante de las juventudes de Esquerra Republicana de Catalunya, Enric Pérez, había grabado y había hecho que le fotografiaran durante los encuentros que mantuvo con dos hombres, y que se citaron con él en un hotel de Barcelona y que dijeron ser “agentes del Departamento de Seguridad Nacional”.
Le ofrecieron que se convirtiera en confidente, que les facilitara información sobre grupos independentistas en los que lograra infiltrarse y, a cambio, según los audios que grabó, ellos podrían echarle “una manita” en la oposición al ingreso en los Mossos d’Esquadra para la que Enric Pérez se estaba preparando.
Un ‘servicio’ desconocido
Estos reportajes fueron recibidos con gran escepticismo entre miembros de los servicios de información. Había detalles de lo relatado por el ex militante de las juventudes de ERC que no cuadraban. Sobre todo, porque “el Departamento de Seguridad Nacional no tiene operativos”, afirmaron con rotundidad veteranos en estas misiones de información.
El Departamento de Seguridad Nacional, que depende del Gabinete de la Presidencia del Gobierno y tiene sus instalaciones en el búnker bajo el Palacio de la Moncloa, no cuenta con agentes operativos, es decir, personas que se dediquen a trabajo de calle, como es captar confidentes y reunirse con ellos para obtener información.
Por eso se sospechó, o de una manipulación de los independentistas catalanes, o de una maniobra de algún servicio que quisiera ocultar su rastro si el intento de captación salía mal, como así sucedió.
No es infrecuente que en el mundo de la inteligencia, miembros de un servicio se hagan pasar por personal de otra agencia. Si el acercamiento a una fuente, un confidente o un infiltrado fracasa, o se produce cualquier problema en el transcurso de una operación o investigación, el organismo responsable elude verse comprometido; más aún si, como habría ocurrido en Cataluña, el caso termina haciéndose público.
Informadores afines: los reservistas voluntarios
Expertos consultados por Confidencial Digital aseguran que la opción de captar confidentes, de “doblar” a personas de los colectivos a investigar, es muy utilizada por la Policía Nacional, la Guardia Civil y otros servicios de información e inteligencia.
Recurren a ella en todo tipo de ámbitos, en combinación con las infiltraciones, más arriesgadas, pero también se dan para luchar contra el yihadismo, los grupos ideológicos radicales, el narcotráfico, ya sea presencialmente o por internet en foros.
Por ejemplo, en las investigaciones sobre terrorismo yihadista, estos servicios se acercan a personas a las que ofrecen que se conviertan en confidentes, que faciliten información sobre personas y grupos relacionadas con el radicalismo islámico: unas veces, a cambio de dinero; otras, si son extranjeros, presionándoles con su situación administrativa en España, y la posibilidad de facilitarles su integración legal en nuestro país, o por el contrario permitir o empujar su expulsión.
El imán de Ripoll
Es lo que habría intentado el Centro Nacional de Inteligencia (CNI) cuando, en 2014, contactó con Abdelbaki Es Satty, que cumplía condena en la cárcel de Castellón por tráfico de drogas. La idea era lograr que facilitara información de los círculos en los que se moviera.
En agosto de 2017, el ya imán de Ripoll (Gerona) lideró la célula que asesinó a 16 personas en los atentados de Barcelona y Cambrils (Tarragona).
Esa táctica se centra en captar personas de los grupos de los que se busca información y que, por diversos motivos (dinero, venganza, facilidades administrativas...), pueden ‘traicionar’ a esos grupos.
Sobre la fiabilidad de la información que ofrecen las personas que ‘venden’ a los suyos, veteranos de los servicios de inteligencia señalan que esos datos que suministran siempre son contrastados por otras fuentes: la información que se consigue por medios técnicos (pinchazos telefónicos), la que se recaba por otras vías en los mismos objetivos, lo que llega por servicios amigos... para no estar a merced de lo que pueda contar un único confidente.
Captar por afinidad
Otra opción es captar informadores precisamente por afinidad con los servicios de información del Estado.
Como se contó en estas páginas en febrero de 2024, los servicios de inteligencia e información llevaban tiempo captando colaboradores en Cataluña entre los reservistas voluntarios, es decir, personas que dedican parte de su tiempo a prestar servicio en las Fuerzas Armadas.
Eso permitía a los servicios de información obtener información de sectores muy diversos en Cataluña, ya que hay reservistas voluntarios que son empresarios, abogados, profesores de universidad, empleados de sectores como el bancario, funcionarios de las distintas administraciones y policías locales, entre otras profesiones.