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San Rafael: senderos conocidos, emociones nuevas

¿Se han retirado definitivamente las lluvias o solo nos conceden una tregua? Ni los más expertos parecen tenerlo claro después de las últimas semanas

Mejor no darle muchas vueltas. Es hora de preparar los bártulos y ponernos en marcha hacia San Rafael sin perder ni un minuto más.

La mañana en Madrid invitaba a pensar en una jornada templada: el sol brillaba y la manga corta parecía suficiente. Pero al llegar a San Rafael, la realidad nos golpeó con fuerza: menos de 4 grados nos recibían, recordándonos que en la sierra el clima juega con sus propias reglas.

La incertidumbre sobre el estado de los montes es inevitable, pero confiamos en nuestro amigo Fer, quien juega en campo propio y será el guía de lujo en esta aventura.

Nos ponemos en sus manos y, con entusiasmo, nos reunimos un animado grupo de amigos: Andrés, Ángel, Asanta, Barri, Enrique, Fer, Juan, Luis Ángel, Rafa, Raúl, Santi y Alfonso. Después y durante un buen tramo del recorrido, se nos unirá Chupo, al que no le ha costado demasiado alcanzarnos.

Recorreremos parajes ya conocidos, sí, pero la compañía de hoy hará que cada kilómetro sea singular. ¡Allá vamos! Arrancamos hacia Gudillos, la Garganta del Río Moros nos aguarda.

Iniciamos ascenso por la “alfonsina”, nosotros nos entendemos, esa senda que tantas veces nos ha dado la bienvenida o nos ha despedido al finalizar una ruta. El entorno luce espectacular con colores vivos, pero el camino está muy roto, anticipando las dificultades que nos iremos encontrando.

Alcanzamos el Camino del Agua y seguimos adelante pasando cerca del antiguo desvío a la Loma de la Peña del Arcipreste

Nos dirigimos a buen ritmo hacia la puerta de Campanillas que da acceso a la Garganta del Río Moros, pero ¡alto ahí! Que os pasáis de largo. Fer nos propone un ascenso, también conocido, pero que esta vez nos reta en mayor grado por su mal estado.

Conocedores de la zona, algunos compañeros deciden seguir adelante por pista, para salir a nuestro encuentro más adelante. El resto, pedaleamos tras el guía, por ascenso roto, con tramos de barro resbaladizo, esquivando ramas secas… pero en un entorno de gran belleza que, con el esfuerzo, resulta difícil de apreciar.

La siguiente puerta nos abre paso a la rota pista de El Mostajo, que desciende desde la Peña del Cuervo. Es el momento de un breve respiro; ajustar posiciones por los walkies, recuperar fuerzas y seguir disfrutando del entorno.

Nos incorporamos a la pista principal donde Andrés y Santi aguardan. Mientras, Enrique, Juan y Luis Ángel, sin saber que marchan por delante, aceleran el ritmo creyendo que cierran el grupo. La comunicación por el walkie no ha sido del todo clara.


La ruta nos sigue sorprendiendo, el arroyo de La Pedriza atrae nuestra atención. Nos regala una cascada impresionante, un espectáculo natural y poco habitual que nos obliga a detenernos y apreciar el momento. El agua cae con fuerza, el sonido del pedaleo se desvanece, sustituido por el estruendo del agua al caer.

En la pausa, volvemos a comunicar con el grupo de cabeza y, ahora sí, logramos entendernos. Conseguimos reagrupar junto al arroyo y la fuente de La Chispa. Pero falta Juan. Convencido de que aún tiene compañeros por delante, ha seguido pedaleando sin posibilidad de recibir nuestras indicaciones.

El sol está presente, es verdad, nos acompaña, pero el aire se mantiene fresco. Hoy no nos sobra ropa.

Ya tenemos a la vista el embalse de El Espinar, a tope de su capacidad y desaguando el excedente. No nos resistimos a acercarnos para hacernos unas fotos, pero Juan sigue escapado...


APAGÓN INOPORTUNO



Mientras “Juan sigue escapado”, mi gran pantalla de apoyo decidió hacer lo mismo: se desvaneció en un negro absoluto. El apagón irrumpió sin previo aviso, dejándome con las palabras a medio camino, atrapadas en la luz de un portátil que aún resistía.

Mi intención era marchar a San Rafael el martes y así lo hago, pero por aquí queda mucho por recuperar. No puedo ni avisar de que he llegado bien. ¡Qué desastre!

Sigo con la crónica de la ruta por si en algún momento pudiera publicarla…

Justo antes de retomar la marcha, Juan aparece, ha regresado a nuestro encuentro. Por fin el grupo está completo, y rodamos juntos durante un trecho en armonía, disfrutando del paisaje y del esfuerzo compartido. Pero la calma dura poco; el descenso invita a la velocidad y a la emoción, dividiendo de nuevo al grupo.

Vamos a pasar junto a las peñas emblemáticas que tantas veces han sido testigo de nuestras fotos grupales. Sin embargo, los compañeros que marchan en cabeza, absortos en la velocidad, hoy pasan de largo dejando atrás esa parada tradicional.

Donde sí nos vamos a detener es junto al imponente Pino Cardosillo, que sigue ahí plantado desafiando a cualquier inclemencia del tiempo. Unos minutos de calma, rodeados por el vibrante manto verde de la hierba crecida que llena la zona de vida.


En los kilómetros finales, los senderos nos llevan por paisajes familiares, pero nunca monótonos y nos acercan hasta la puerta de Campanillas.

Todavía habrá ocasión de recorrer unos kilómetros más, por el cruce de Los Navazos y el pie de Cabeza Reina, para tomar descenso por estrecha senda junto a los restos de antigua mina de wolframio, hasta el Apeadero de la Estación de Tren de San Rafael.

El cruce por puente de madera sobre el Río Gudillos marcará el fin de nuestra aventura.


Publicada el día 30 de Abril

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