Lamine se luce, pero el Barça se queda a medias ante el Inter (3-3) en la ida de semifinales de Champions
El factor contundencia es determinante en el fútbol, por mucho que se hable de presión, de 1-4-3-3 o de defensas en bloque bajo. Poco después de los 20 minutos de la ida de semifinales de la Champions que jugaron el Barcelona y el Inter, los italianos mandaban por 0-2. Estaba haciendo su trabajo el conjunto de Inzaghi, pero si a esas alturas el resultado hubiera sido 1-0, a nadie le hubiera extrañado. No había rematado a puerta el Barça, pero Ferran Torres tuvo dos opciones que se marcharon fuera por poco. En cambio, antes de cumplirse los 30 segundos, Thuram se inventó un golazo de tacón, favorecido por un resbalón de Iñigo Martínez que le impidió llegar al menos a molestar. Y en la siguiente llegada interista, un córner, Dumfries remató de maravilla, de tijera, una segunda acción.
Pero las palabras de Lamine Yamal volvieron a resonar. «Nos marcan un gol, nos marcan dos, da igual, no pueden con nosotros», dijo tras la final de la Copa. Está por ver si es así en estas semifinales de la Champions, que acabaron en tablas en el partido de ida, pero la reacción de los azulgrana fue de mérito, liderada además por el adolescente que dijo la frase. Le quedan dos meses y medio a para llegar a la mayoría de edad, pero en el campo, donde cumplió su partido 100, ya no es un niño. Se echó el equipo a las espaldas y prácticamente cada balón que tocó lo convirtió en peligro. Además, igualó la contundencia del Inter con un gol de bandera, después de dejar atrás a Mkhitaryan y de que el resto, especialmente Dimarco, sólo pudieran mirar cómo el joven talento salía por un lado, se iba por el otro y remataba dentro, con mucha sutileza, después de que la pelota tocara en el palo.
El gol fue como un toque de trompeta para los españoles. El partido estaba peligroso porque el Inter es un gran equipo y cuando superaba la primera línea de presión tenía mucho espacio para las contras. Pero poco a poco empezó a ser sometido, a meterse cada vez más atrás y a no conseguir superar esa presión. El encuentro empezó a ser un agobio para el Inter, el equipo que mejor defiende de la competición, y ni las ayudas eran suficientes para detener a Lamine Yamal, que casi se supera después del gol con otra acción pegado a la línea de banda que acabó con un tiro al larguero sin ángulo, después de que Sommer tocara con las manos.
El portero también detuvo el intento de Dani Olmo, pero no pudo con la acción quirúrgica de Pedri, que pasó; Raphinha, que hizo la dejada de cabeza; y Ferran, que entró desde atrás para empatar a dos. El asedio del Barcelona tuvo premio justo antes de que Koundé descubriera que tiene límites. El lateral, que parecía indestructible, se rompió. Después lo hizo Lautaro Martínez en el Inter.
Flick apostó por la veteranía y en el descanso también metió a Araujo por Gerard Martín. El Barcelona estaba «desordenado», con Iñigo y Eric García como laterales. El Inter volvió del descanso con otra intención, con la idea de buscar más arriba al Barcelona. No se pareció el encuentro a lo que había sido. Se igualó, porque el conjunto italiano encontró por fin la manera que coger la espalda a la defensa de los catalanes, con un Dumfries espectacular por la derecha y en el remate, ya que volvió a marcar, esta vez con fortuna, pues después del cabezazo la pelota le da en el hombro, otra vez en un córner. También tuvo suerte Raphinha en el empate, otra vez rápido: su tiro fue espectacular, pero tocó en el larguero y se fue adentro tras rechazar el balón en la espalda del portero.
El Barça ya no estaba fresco y no presionaba como antes. Por momentos, el tanto del Inter parecía cantado. Llegó, en fuera de juego. Pero no va a cambiar su forma de jugar el conjunto de Flick. Con esa idea de ir, e ir, aguantó y al final pudo ganar con otro tiro al larguero de Lamine y un remate de Raphinha. La locura continúa en seis días en Milán.