Cierto olor a podrido
Yo recuerdo cuándo, de pequeño, oía que los perros eran capaces de oler el miedo. Me parecía fascinante. Si se puede oler el miedo, ¿también se puede oler el amor? ¿Y el deseo? ¿A qué huele en concreto? Supongo que el miedo huele a adrenalina, a derrape sobre el asfalto, a glándula suprarrenal, a uranio. El amor quizá a feromona, a cachorrillo de mastín, a tulipanes frescos, a pecado. En cualquier caso, cuando yo miraba a aquel pastor alemán sabía que no podía fingir, que él conocía mi arquitectura íntima y que no solo sabía en qué estaba pensando, sino que incluso podía olerlo. Era como ser de repente transparente: estar delante de ese perro era como estar delante de... Ver Más