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Tres modelos de gestión en la Feria de Córdoba: trabajar la caseta, contratar la repostería o externalizarlo todo

Abc.es 
A pocas horas de que comience la Feria de Nuestra Señora de la Salud , el Arenal tiene el aspecto de una ciudad en construcción. Ya hay casetas casi listas, pero está todavía en obras y allí se ve lo que tendrá que haber desaparecido en la noche en que se encienda el alumbrado. Hay coches , furgonetas que descargan, camionetas de reparto y gente que se afana en levantar lo que ahora no son más que esqueletos más o menos vestidos. Todo el mundo trabaja y se afana en sus casetas y si mercantilización, la palabra que utilizó el alcalde, José María Bellido , hace referencia a la actividad económica que hace intercambio de bienes, servicios y dinero, no cabe duda de que lleva razón. La Feria a esas horas está llena de profesionales. ¿También las casetas? El alcalde había alertado contra la lógica que sólo busca un beneficio económico en la Feria, y habló de las asociaciones como auténtico sostén de la celebración, pero lo cierto es que la fiesta ha cambiado desde el traslado al Arenal en el año 1994, y lo ha hecho en la forma de gestionar las instalaciones, que cada vez son más profesionales . El modelo tradicional de que sea una asociación , peña o cofradía la que se haga cargo de todo ya apenas existe, pero todavía quedan quienes trabajan. Una de las más tradicionales es la Casa de Sevilla en Córdoba. «Aquí seguimos los socios , aunque tenemos todos casi 60 o 70 años, y seguimos liados. Y quedamos pocos», dice su presidente, Manuel Ramos , que admite que es difícil, pero también se muestra orgulloso de mantener «la caseta tradicional de Córdoba». ¿El secreto? «Que no hay dinero para el montaje», y que no tienen los recursos de asociaciones más potentes. Son una pequeña peña, que se mantiene aunque haya perdido algunos metros. Un simple vistazo basta para notar que son sus propios asociados, personas de edad, quienes trabajan en el montaje y en la preparación para que el viernes pueda abrirse. No oculta un cierto desaliento por la situación, pero también hay ilusión. La barra y la gestión de la cocina se le encargan «a un repostero », que no pertenece a una empresa grande que se dedique a la hostelería, aunque son los propios socios quienes están disfrutando de la caseta todo el año. Es la fórmula que fue tradicional y masiva en la Feria de Córdoba durante muchos años, y la que ahora se mantiene en muy pocos lugares. En la misma calle Puente Romano está 'El Esparraguero' , que gestiona la hermandad del Cristo de Gracia a través de sus hermanos, tanto en el montaje como en la gestión de la barra y la cocina. Es el ejemplo de una gestión en franca retirada que sin embargo fue la habitual hace tiempo. ¿Cómo se mantiene entonces la Feria de Córdoba? El sintagma clave es el de prestación de servicios : una entidad (asociación, peña, cofradía) contacta con alguna empresa que se encargue del montaje y de la gestión de la barra y casi siempre también de la cocina. Es lo utilizado por muchas instituciones públicas, entre ellas partidos o sindicatos, en que es una empresa quien trabaja aunque después sean sus afiliados quienes acuden y de alguna forma dan vida a la caseta. Hablar de las condiciones de estos contratos es difícil, pero ABC ha podido tener noticia de algunas condiciones . Por ejemplo: un descuento del 15 por ciento en las consumiciones para las personas que pertenecen a la entidad titular de la caseta, debidamente acreditado, además de una jornada en que hay una comida para los socios, hermanos o afiliados, también sin que ellos tengan que pagar. El resto del tiempo, la caseta se gestiona como un establecimiento de hostelería más, y son sus responsables quienes obtienen los beneficios. Antes están las Casetas Tradicionales , que son asociaciones civiles cuyos socios pagan una cuota y que entregan también la gestión a profesionales. Después son los primeros en disfrutar, sobre todo en las jornadas en que se autorizan cierres sólo a los socios. Su modelo es el que más ha crecido en los últimos años. No es raro que una misma caseta tenga dos nombres: el de su titular real y el de quien la gestiona. Está a la vista en bastantes casos, en que el nombre de mayor tamaño es el de la empresa que se encarga de la repostería, barra y atención y en segundo lugar el de la entidad a la que el Ayuntamiento concedió la caseta. En otras ocasiones se habla también de una cantidad en metálico, de entre 4.000 y 5.000 euros , según explicaron algunas fuentes a ABC. Un tercer modelo es el de la gestión completamente externalizada , el de la entidad que entrega la caseta a una entidad externa a cambio de una cantidad y se desentiende durante casi toda la celebración. Es algo prohibido en las bases de manera expresa, pero en absoluto perseguido por el Ayuntamiento. El simple paseo por el recinto ferial muestra la existencia de nombres comerciales ajenos a los titulares reales, con logotipos realizados por profesionales y montaje también con materiales de gran calidad, ajenos a la tradición popular que siempre tuvieron las asociaciones. No es fácil de rastrear, porque todos se escudan en que en su gestión están presentes socios o personas que pertenecen a las entidades y asociaciones. Son el modelo más numeroso y a ellos puede aludir el alcalde cuando habla de la mercantilización de la Feria. ¿Todas son discocasetas? No es algo general. Para empezar, en contra de lo que sucedía hace algunos años, ahora se cuidan más la estética y la decoración , con celosías de esparto, motivos tradicionales y fotografías de toros o de rincones clásicos de Córdoba. Suele ofrecerse atención todo el día : almuerzos, cenas y también copas en la tarde y especialmente en la noche. Las 82 casetas que se abrirán este año en el recinto del Arenal responderán casi siempre a esta tipología.

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