Teoría y sentimiento del portero de fútbol
A los cinco años recién cumplidos, Javier ha decidido que en la vida quiere ser portero. Yo fui portero de chico como todos los que no sabíamos jugar ni podíamos hacer otra cosa con el balón que darle manotazos y patadones. Yo siempre odié el fútbol como una maldición que vuelve a mí cuarenta años y una generación después. Yo programé un hijo que fuera tercera línea de la selección española de rugby, con las cejas cosidas y la nariz rota, y Dios me ha dado uno madridista, futbolero y con vocación de portero como una cruz que abrazo mientras corto queso antes de los partidos y haciéndome, como él, sus hermanas y su madre, merengón acérrimo. Por casa, entre... Ver Más