Un camarero va a abrir la persiana de su bar y no da crédito a lo que encuentra: "La gente está tarada"
Si hay una profesión desagradecida en nuestro país esa es la de los trabajadores de la hostelería. Trabajar de cara al público requiere un extra de paciencia y una tolerancia por la que no todos están dispuestos a pasar. Sobre todo cuando se encuentran con clientes expertos en agotar su paciencia.