Jorge O. Moreno: El empleo en México, la debilidad en el mercado laboral
En múltiples oportunidades he compartido en este espacio una reflexión que fundamenta la importancia del análisis del mercado laboral en una economía, y en particular la mexicana: el ingreso derivado del trabajo constituye la principal (y en muchos casos la única) fuente de recursos para la inmensa mayoría de las personas.
En particular, la dualidad entre el empleo formal e informal, en donde la participación de trabajadores en el segundo segmento excede desde hace años al primero, muestra cómo el peso de la carga fiscal tributaria para sostener el andamiaje público recae sobre una base cautiva cuyos salarios por hora (en promedio) prácticamente no han crecido en términos reales en más de 30 años.
Dado lo anterior y tomando un poco de libertades para elaborar un paralelismo con la medicina, si la inflación es el indicador que nos muestra la “temperatura” de nuestro cuerpo económico y las tasas de interés nos señala el estado de nuestra “presión arterial” del sistema financiero, el empleo debería ser el equivalente a elaborar un estudio de la composición sanguínea que nos indique la salud de nuestra economía, si se está oxigenando bien a todos y cada uno de los órganos de nuestro sistema económico, y si se cuenta con anticuerpos suficientes para protegerlo de enfermedades y contingencias, entre muchos otros temas.
Así, los indicadores de empleo son, sin duda, indicadores fundamentales que muestran el resultado de decisiones económicas de empleadores y trabajadores que reaccionan y anticipan al entorno, transmitiendo los efectos de los cambios en este último a millones de individuos y familias.
Al respecto, los resultados del mercado laboral en México dan muestra del deterioro en la calidad de vida de miles de mexicanos, y de lo que podríamos definir como la reacción natural de los empresarios y empleadores ante el entorno incierto que domina el panorama de nuestro país en el corto y mediano plazo.
De acuerdo con los indicadores del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), entre enero y mayo de 2025 se crearon 133,665 empleos formales, equivalente a un crecimiento anual de apenas 0.1 %, el menor ritmo desde 2009.
En particular, en mayo de 2025 se registró una pérdida de 45 624 empleos inscritos al IMSS — segundo mes consecutivo con destrucción de plazas formales que muestran una debilidad estructural, con crecimiento nulo y episodios de contracción que pueden responder a coyunturas como la incertidumbre interna ante las políticas públicas, los ajustes estacionales, y los impactos externos.
Por otra parte, al cierre de mayo, el salario base de cotización promedio de los puestos de trabajo afiliados al IMSS alcanzó 629.9 pesos, el más alto desde que se tiene registro. Sin embargo, este indicador no refleja el poder adquisitivo real del ingreso laboral de las familias.
En particular, si consideramos el crecimiento anual de 0.10 por ciento en los puestos de trabajo y de 3.26 por ciento en el salario, la masa salarial real avanzó solo 3.36 por ciento. Esta tasa es la más baja desde mayo del 2021, cuando la economía aún transitaba en los efectos de la pandemia.
Esta desaceleración es causada por ambos componentes (menor creación de empleo y menor crecimiento en el salario) y en términos pácticos se traducen en menores oportunidades de consumo para millones de familas.
Así también, de acuerdo con la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo del INEGI, en el primer trimestre de 2025, la tasa de informalidad laboral 2 se ubicó en 52.2 por ciento.
Este porcentaje fue ligeramente menor al del mismo periodo de 2024, que fue de 52.9, pero que da muestra de que este sector económico sigue dominando la estructura de mercado comparado con el empleo formal.
Si bien, una de las banderas políticas de la actual administración federal ha sido el incremento en el poder adquisitivo real del salario mínimo y la caída en los indicadores relativos de pobreza laboral (esto es, los hogares cuyo ingreso por trabajo no les permite completar la cansta básica alimentaria) lo cierto es que estos indicadores deben ser estudiados en todo el contexto donde ocurren.
En particular, considerando a la pobreza laboral, de acuerdo con los ultimos indicadores elaborados por el extinto Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval), hacia febrero de este año un poco más de 46 millones de mexicanos no lograban cubrir sus necesidades básicas con los ingresos provenientes del trabajo de los integrantes de su hogar.
A pesar de los radicales cambios institucionales en los últimos años, la falta de empleo formal y de crecimiento en los salarios siguen siendo una de las principales carencias estructurales de nuestra economía, y es importante señalar que ningun programa público de transferencias es capaz de erradicar la pobreza permanentemente, pese a lo popular que éstos sean.
Tarde o temprano, la famosa “equivalencia ricardiana” que estudió el destacado macroeconomista, Robert Barro, y que posteriormente fue ampliada para su contexto monetario por Thomas Sargent (Premio Nobel en Economia, 2011) suele revelarse como una triste realidad: todo gasto público, aún aquel financiado en el corto plazo por deuda, al final de cuentas es pagado por nosotros con mayores impuestos (presentes o futuros) y/o una mayor inflación.