Cultura Afroperuana: una memoria que también es futuro, por Mariela Noles Cotito
Cada 4 de junio, como parte del calendario oficial de efemérides nacionales, recordamos el legado de una de las figuras más prominentes para el pensamiento afroperuano: Nicomedes Santa Cruz Gamarra. Y, con él, celebramos el día (hoy Mes de) la cultura afroperuana. Año tras año, volvemos a nombrar nuestras luchas, le recordamos al país sobre nuestras contribuciones, reiteramos nuestra ausencia en la historia oficial. Hacemos memoria. Este ejercicio parece ser todavía necesario. No obstante, este año optaré por una propuesta diferente: la de reflexionar sobre qué podría significar imaginar el futuro desde lo afro.
Durante mucho tiempo, lo afro en el Perú ha sido visto como pasado: una raíz, una herencia, una cultura “ancestral” que merece ser preservada. Reivindicar esa historia ha sido y es necesario, urgente, y vital. Pero si reducimos la cultura afroperuana a un archivo, a un testimonio de lo que fuimos o de lo que se nos ha hecho o hemos hecho, corremos el riesgo de fijarla en el tiempo, de encerrarla en un relato sin horizonte. En auto-borrarnos del presente del país; y obviamente, de su futuro.
¿Y si pensáramos este día como un laboratorio de futuro? Como un tiempo/espacio para preguntarnos no solo qué ha significado ser afroperuana o afroperuano en este país, sino qué podría significar si repensáramos el Perú desde nuestros saberes, nuestras prácticas, nuestras formas de habitar el mundo.
La cultura afroperuana no es solo tambor y poesía. Es también pedagogía comunitaria, organización colectiva, espiritualidad, ética del cuidado, vínculo con la tierra, resistencia creativa. Es una forma de construir vida en común que ha desafiado por siglos el racismo estructural, la exclusión y la invisibilización.
En un momento en que el país parece perder el rumbo, ¿no valdría la pena preguntarnos qué podrían enseñarnos esas formas de hacer mundo? ¿Qué instituciones diseñaríamos si tuviéramos como base epistemologías afrodescendientes? ¿Qué educación, qué justicia, qué economía, qué democracia podríamos imaginar si lo afro no estuviera en el margen, sino en el centro?
No se trata de idealizar a un pueblo “otro,” sino de abrir la posibilidad de pensar otros futuros, posibles y deseables, a partir de nuestras propias referencias. Porque si bien resistir ha sido necesario, imaginar es también una forma de resistencia. Y soñar en voz alta puede ser, en este contexto, un acto profundamente político.
Que el Día de la Cultura Afroperuana no sea solo una conmemoración. Que sea, también, un ejercicio de imaginación. Una invitación a construir país desde estas otras preguntas, otros cuerpos, otras memorias, otros saberes. Y, sobre todo, desde una esperanza que no olvida, pero tampoco se resigna.