Los tontos del pinganillo
No llegan a la dimensión de esos tontos de capirote que describió sabiamente el maestro Paco Robles, padre de tantísimas sevillanías. Pero los tontos del pinganillo también son una especie capital en el ecosistema autóctono. Si en Doñana los rocieros van a encontrarse estos días con ánades reales, flamencos, garzas y, con un poco de suerte, algún lince despistado, en Sevilla es fácil toparse con algún 'beefeater', varios ojanetas, el típico tieso fantasmón y, por supuesto, el tonto del pinganillo. Este gremio trabaja todo el año bien en las puertas de las discotecas, bien en el servicio de camareros de una de esas cadenas de restaurantes de delantal negro y gimnasio, bien en alguna de las cien mil procesiones con... Ver Más