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Cánticos conventuales y devoción vecinal en honor a la Virgen de la Paz

Abc.es 
En un mundo cada vez más convulso y marcado por los conflictos, Toledo volvió a encomendase a la Virgen de la Paz, una de las advocaciones más profundamente enraizadas en la ciudad , que recorrió el barrio de la San Andrés del Casco histórico de la capital regional coincidiendo con la solemnidad de Pentecostés. La imagen, obra del escultor toledano Tomás Gimena, salió de la iglesia parroquial de San Andrés a las 12:30 horas, bajo los acordes del himno de España interpretado por la banda joven de la Escula Municipal de Música 'Diego Ortiz'. El inicio de la procesión estuvo marcado por la complicada maniobra de salida, que obligó a los doce portadores a sacar las andas a pulso y a la Virgen de perfil, ya que el diámetro de su arco de trono no cabe por el arco de herradura de la puerta de la iglesia de San Andrés. Una vez en la calle, la talla es enderezada gracias a que va colocada sobre una peana que gira sobre su eje. Desde ese instante, la comitiva avanzó por el corazón del barrio, en un recorrido que incluyó las calles Santa Isabel, Pozo Amargo, plaza de Don Fernando , Carreras de San Sebastián, Subida a la Cruz Verde, Plegadero, Ave María y Travesía de San Andrés. El silencio de las calles se transformó en emoción en uno de los lugares más esperados del itinerario: el c onvento de Santa Isabel, donde las clarisas, desde su clausura, cantaron a la Virgen en un acto de intimidad espiritual cargado de significado. La relación entre las clarisas y la Hermandad es estrecha: la imagen ha permanecido en este convento en distintas etapas de su historia, y cada año, durante unos minutos, las religiosas tienen la oportunidad de rezar frente a la Virgen. También resultó especialmente simbólico el paso por el convento de San Pablo, donde las religiosas saludaron a la Virgen desde una celosía, y donde el repique de campanas acompañó a la procesión en su avance hacia la Cruz Verde . Allí, los vecinos levantaron un altar efímero en honor a la Virgen, gesto de devoción popular que culminó con la tradicional degustación de limonada , en una atmósfera de fraternidad comunitaria. El origen de la advocación de Nuestra Señora de la Paz se remonta a finales del siglo XI al producirse un acontecimiento ligado a la Reconquista de Toledo en torno al 24 de enero. Además, en esa misma fecha se conmemora la Descensión de Nuestra Señora en recuerdo a un milagro atribuido a San Ildefonso, patrón de la ciudad, como reconocimiento por su defensa de la pureza de María.

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