Perder la Esperanza
Lo que ha hecho la junta de gobierno de la Macarena con la restauración de la Esperanza aboca a José Antonio Fernández Cabrero a un amargo epílogo como hermano mayor. El error es incomprensible. Se puede pretextar, con razón, que Arquillo ha caído en el mal que asuela a los restauradores contemporáneos del patrimonio histórico, especialmente en la arquitectura, donde hay un empecinamiento ridículo por poner aluminio y escaleras mecánicas a edificios del siglo XII. La tentación de dejar huella, directamente relacionada con la vanidad del autor, acecha a demasiados 'artistas' de escasa entidad, que en lugar de hacer su propia obra pretenden imponerse sobre la de otros. El relato de estos iluminados se basa en que no es lo... Ver Más