Solicitan la primera exhumación en La Rioja desde 2006: "Allí he ido a dejar flores a mi tío toda la vida"
Pilar Miguel ha iniciado los trámites para exhumar una fosa donde siempre le han dicho que enterraron a su tío asesinado en 1936. Mientras, La Rioja ha perdido los fondos de 2025 para exhumaciones de la Guerra Civil y el franquismo por no haber ejecutado los del año pasado
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Pilar Miguel recuerda que cuando era pequeña le llevaban al cementerio de la aldea de San Andrés porque en una esquina junto a la tapia habían enterrado a su tío Emilio Miguel Rodríguez después de asesinarlo en 1936. Ahora, noventa años después, el lugar ha cambiado mucho, ya no está la puerta por la que entraban y a Pilar le cuesta ubicarse. Ha vuelto para intentar buscar ese sitio que no se le borra de la memoria después de pedir, a través de la Asociación La Barranca, una exhumación de la fosa donde se sabe que hay cinco represaliados.
Emilio Miguel nació en Viguera en 1906 y era el mayor de cuatro hermanos. Lo llamaban “chicuelo”, por su carácter alegre y cariñoso. Venía de una familia pobre por lo que su padre le dijo al maestro que solo podría acudir a la escuela de vez en cuando, pero “parece que era avispado”, apunta su sobrina, e incluso después ayudó al maestro en una escuela de mayores. Trabajó en la hidroeléctrica de Panzares y luego en la piedra y era la mayor aportación a la economía familiar. Se afilió a la CNT “porque estaba preocupado por la gente trabajadora”, dice Pilar Miguel y participó en los Sucesos de 1933. En 1936 lo detuvieron y lo llevaron a trabajar al pantano de Ortigosa “día y noche”. Hasta que un día, con 30 años, lo asesinaron.
La familia nunca recibió el acta de defunción, pero aquel día, su hermana, que trabajaba como sirvienta en Logroño, fue allí a reconocer el cadáver de Emilio. Desde entonces, cada año, volvía a aquella fosa a dejarle flores. Muchas veces les acompañaba Pilar en un trayecto en el autobús de Soria que todavía hoy describe a la perfección. “Y mis tías me decían: aquí mataron a tu tío”, cuenta. Ellas siempre hablaron de su hermano asesinado y, a través ellas, Pilar pudo conocer la historia de su tío.
Es socia de La Barranca porque la memoria histórica siempre le ha “preocupado y emocionado” pero no sabe identificar bien el porqué ahora ha decidido intentar recuperar el cuerpo de su tío. “Tengo esa ilusión, de lo contrario sería como abandonarlo. Hay gente comprometida y lo vamos a intentar”, dice en referencia a los compañeros de la asociación. A Pilar le gustaría enterrar a su tío en La Barranca, “que estuviera con los suyos, con los que comparte sangre roja”.
La Barranca ya ha elevado esta solicitud a la Consejería de Cultura, Turismo, Deporte y Juventud, que incluye la competencia de memoria democrática a través la Subdirección General de Cooperación Internacional y Centros en el Exterior. Han presentado un primer informe con toda la información que se dispone de los cinco hombres que se sabe fueron asesinados y enterrados en esta aldea de los Cameros riojanos. De hecho, Pilar Miguel hace un llamamiento a los familiares del resto de hombres que podrían estar enterrados allí por si quieren recuperar sus cuerpos: Eusebio Martínez García de Torrecilla de Cameros, Pedro Bernabé Heras y Julián Sáenz López García, de Villanueva de Cameros y Tomás Murga Soria, de Pradillo, además de Emilio Miguel. Además, también recuerda los nombres de los asesinados en una saca un mes antes que su tío en agosto: Antonio Caballero Villa, Domingo Martínez Ágreda, de El Rasillo, Benito Merino Ortiz, José Luis Galarreta Villacian y Saturnino Sáenz Martínez, de Ortigosa de Cameros.
La Rioja, sin fondos para exhumaciones después de no haber gastado los del año pasado
Desde la asociación para la preservación de la memoria histórica, confían en que el Gobierno de La Rioja apruebe la exhumación, porque aseguran que así se lo han comunicado. No obstante, se encuentran en mitad de los trámites burocráticos necesarios para poder llevar a cabo la actuación y saben que será difícil porque junto al lugar que se cree se han construido unos nichos. “Lo siguiente, en lo que ya estamos trabajando, es en la elaboración de un segundo informe en el que detallar cómo se va a desarrollar la actuación”, explica Antonio Sarabia, miembro de La Barranca. Sus planes son “ojalá encontrar los cuerpos y entregarlos a sus familias”, espera Sarabia, y de lo contrario, colocar una placa en su recuerdo.
Mientras Pilar quiere encontrar a su tío en el lugar al que le llevaba flores, La Rioja no va a recibir este año los 42.907,76 euros correspondientes de los fondos para la exhumación e identificación de víctima de la Guerra. Desde el Gobierno de La Rioja dicen que “no le corresponden fondos porque, de momento, no hay fosas que exhumar”, aunque, según el ministro de Política Territorial y Memoria Democrática, Ángel Víctor Torres, no los recibirán “porque no se han gastado los del año pasado”. La Rioja cuenta, por tanto, con 48.076, 88 euros de remanentes, con los que La Barranca espera que la exhumación se pueda llevar a cabo.
Este último reparto de tres millones de euros, que no llegará a La Rioja, se aprobó en el Consejo Territorial de Memoria Democrática que tuvo lugar en Zaragoza el 10 de junio. Están dirigidos a la exhumación, identificación y reparación de las víctimas de la Guerra y la dictadura, cuyos cuerpos aún permanecen en fosas, cunetas y pozos. “Nuestra intención es la de que no quede ni un solo cuerpo por identificar, ni ninguna memoria por reivindicar”, destacó el ministro. Catorce comunidades autónomas votaron a favor y tres se abstuvieron, Madrid, Región de Murcia y Comunitat Valencia. La Rioja, sin embargo, no pudo votar porque acudió el subdirector general y no el consejero “por motivos de agenda” y solo él puede votar.
Precisamente, en el pueblo de Emilio Miguel, en Viguera fue la última exhumación de La Rioja, en 2006, y después en 2012 se hizo otra en la cercana localidad de Montenegro de Cameros, Soria. A pesar de que el investigador Jesús Vicente Aguirre calcula que hay unos 700 asesinados sin recuperar, en La Rioja no se han hecho más exhumaciones por la falta de indicios y asegura que “desde la Asociación la Barranca siempre hemos dicho que si tuviéramos indicios suficientes en cualquier lugar y en cualquier momento de dónde encontrar a algunos de los asesinados, nos pondríamos a trabajar sobre ello, como siempre hemos hecho, con subvenciones o sin ellas”. Para Pilar Miguel, “produce dolor y desconsuelo pensar en todas las personas que no tienen un lugar donde ir a hablarles, rezar o llevar unas flores”, dice Pilar Miguel. Ella sí ha tenido ese lugar y ahora sí se cuenta con el indicio de “su recuerdo fresco”. Ahora solo espera que abrir la tierra lo confirme y le devuelva a su tío. Mientras tanto, no puede olvida de sus tías, las hermanas de Emilio, que nunca dejaron de recordarle ni de llevarle flores.