Dos peruanas que viven en Cantabria, sorprendidas por esta particularidad de los españoles: «Es la religión de cada día»
Mudarse de país es siempre un camino plagado de retos y obstáculos. Algunos lo hacen porque no les queda más remedio por cuestiones familiares o laborales y otros lo afrontan en positivo y como un paso a dar para mejorar la calidad de vida, pero en todo caso lo que está asegurado es que unos y otros afrontarán inacabables choques culturales por delante. Esto es lo que les ocurre desde hace un tiempo a Lu y Geral, dos peruanas que se conocieron viviendo en España, en concreto en Santander. Su día a día está repleto de sorpresas inesperadas , como la cantidad de contenedores que hay aquí, que los casinos sean discretos y modestos o la cantidad de bares de aquí. Para contar estos y otros muchos más detalles abrieron la cuenta @cantabrasporadopcion y allí subieron hace unos días un vídeo con sus cinco choques culturales desde que están instaladas aquí y la publicación supera ya las 38.000 visualizaciones en cuestión de días. En primer lugar destacan la franqueza española y comentan que «en España se suelen decir las cosas directo y sin rodeos, cosa que para algunos latinos puede ser brusco». «Siempre se come pan», sigue Lu, dejando claro que «es la religión de cada día: mañana, tarde, noche.... y tal vez me propongan ponerlo en el ceviche». «Te dan dos besos siempre: no importa si te ven por primera vez en su vida», sigue Geral dando detalles del carácter de los españolas. Ambas puntualizan que es habitual hacerlo al saludar o despedirse. También se refieren a la puntualidad de los españoles con un claro punto de vista. «En algunas zonas de Latinoamérica llegar diez o quince minutos tarde es normal», comenta Lu, que asegura que «en España la puntualidad se toma muy en serio». Finalmente, se muestran muy sorprendidas por las expresiones locales y ponen ejemplos como «qué fuerte» o «me flipa». Destacan que escucharlas «pueden dejarte un poco perdido al principio, pero luego te encuentras soltando un 'vale' sin darte cuenta». Para acabar ambas resumen que «al principio todo era un 'qué está pasando aquí' desde comer a las 15 horas hasta decir las cosas sin filtro». «Los choques culturales nos sacaron de onda pero también nos hicieron reír, aprender y sentirnos un poquito más parte de España», sentencian ellas. En los comentarios ellas remarcan que sus choques « no es una crítica , sino una reacción natural a costumbres nuevas para nosotras».