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Las matemáticas no son exclusiva del Homo sapiens: otros homínidos ya pensaban en cifras

Comprensión numérica - El diseño de los bifaces achelenses exige una imagen previa del objeto, lo que implica una capacidad abstracta de anticipación y control espacial

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Una piedra tallada de forma simétrica no aparece por azar, requiere intención, planificación y dominio espacial. Eso implica una capacidad matemática, incluso sin números escritos. La forma más elemental de esta habilidad se basa en percibir proporciones, distancias o repeticiones, algo que no depende de fórmulas ni símbolos, sino de estructuras cognitivas que permiten identificar patrones y replicarlos.

A lo largo del tiempo, esa capacidad fue refinándose con la cultura, el lenguaje y la cooperación, hasta convertirse en una herramienta clave para organizar el entorno. En ese trayecto, algunas especies humanas anteriores al Homo sapiens ya habían dado pasos firmes hacia el pensamiento numérico.

Las herramientas de piedra muestran una lógica que no puede atribuirse solo a la destreza manual

Al observar las herramientas achelenses atribuidas al Homo erectus, resulta evidente que había un tipo de lógica en su confección. Con más de 1,6 millones de años, estos bifaces muestran un equilibrio en los bordes y una simetría que no puede desvincularse de una comprensión espacial avanzada. Según el estudio publicado en L’Anthropologie, ese tipo de producción manual solo es posible si existe una representación mental previa del objeto final, lo que indica una forma temprana de pensamiento abstracto basada en la relación entre partes.

A partir de hallazgos más recientes, los investigadores han rastreado cómo esa capacidad fue evolucionando a través de otras especies del linaje humano. El Homo neanderthalensis también dejó restos con marcas grabadas en huesos y piedras que presentan repeticiones y distancias similares. Estas incisiones, localizadas en lugares como la cueva de Temnata en Bulgaria o la cueva de Cavallo en Italia, sugieren una intención estructurada.

En palabras del equipo responsable del estudio, difundido por la revista francesa, “la disposición rítmica de las líneas muestra una interacción clara entre percepción cuantitativa y transmisión cultural”.

Aunque no existen pruebas directas de que estos homínidos utilizaran números como los actuales, su manera de organizar los espacios y marcar objetos da pistas sobre una evolución cognitiva que no se limitó al Homo sapiens. En este sentido, el análisis señala que los primeros comportamientos simbólicos vinculados al conteo y la clasificación empezaron mucho antes de lo que se creía.

Marcas en huesos y piedras reflejan una intención de contar mucho antes de usar números escritos

El caso del hueso de Ishango, descubierto en la actual República Democrática del Congo, refuerza esta hipótesis. Este objeto de más de 20.000 años tiene marcas agrupadas en series regulares que podrían representar una forma elemental de conteo. La importancia del hallazgo, según explica el estudio, radica en su estructura interna, ya que “las agrupaciones no son aleatorias, sino que revelan una organización consciente del espacio numérico”. Esa intención al disponer las marcas evidencia una capacidad para abstraer cantidades y ordenarlas mentalmente.

Además de los restos materiales, los investigadores han cruzado estos datos con hallazgos genéticos y neurológicos. Una zona concreta del cerebro, conocida como surco intraparietal (IPS), está implicada en la percepción de cantidades y la manipulación simbólica. Esta región también está presente en otros primates, aunque en los humanos se conecta con áreas del lenguaje y la memoria de trabajo. Esta red neuronal fue clave para pasar de una percepción instintiva de cantidades a un pensamiento estructurado en torno a cifras y relaciones numéricas.

Junto con las conexiones neuronales, algunos genes como el ROBO1 también han sido identificados como relevantes para este desarrollo. Según el artículo, este gen está vinculado al crecimiento de las áreas del cerebro relacionadas con el cálculo. Su antigüedad sugiere que las bases biológicas del pensamiento numérico aparecieron mucho antes de que existieran los sistemas de escritura o los signos matemáticos.

A lo largo de millones de años, la interacción entre genética, estructuras neuronales y aprendizaje social permitió que se consolidaran comportamientos cada vez más sofisticados relacionados con los números. Este proceso, según defienden los autores, no fue lineal ni exclusivo del Homo sapiens. Otros homínidos, como los neandertales o incluso el Homo erectus, también participaron en esta transformación progresiva hacia una cognición abstracta simbólica.

Para los investigadores, entender el origen de esa capacidad matemática implica ir más allá de las funciones concretas de los objetos hallados. En sus palabras, “los artefactos contienen propiedades estructurales que, aunque no fueran intencionadas al crearse, pueden adquirir un significado nuevo en contextos culturales posteriores”. Esta lectura permite reinterpretar las marcas, simetrías o disposiciones materiales como reflejos de una mente que ya comenzaba a medir, comparar y clasificar.

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