Rubia
Se levanta por la mañana y antes de quitarse las legañas ya la va pensando. Es viernes y ella toma su cabeza por asalto. Resulta sano tener promesas al final del pasillo de las horas, se encaran las obligaciones de otra manera cuando hay un anhelo palpitando en el después. El deseo es el antídoto contra el tedio. Arrastra el esqueleto por la calle, paladea una tregua temprana promocionada por una brisa insegura que ondea las arrugas de su camisa. Ya no hay peques ni uniformes ni padres pastoreando el rebaño. Ha terminado el cole, todavía no han empezado los campamentos. En el desfile veraniego se mezclan las mangas cortas, los colores vivos, los vasos con hielo, los pelos mojados... Ver Más