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El gobierno del Perú presenta, por Mirko Lauer

 ¿Por qué una persona política que se ha pasado cientos de días sin hablar con la prensa ahora querría tener un programa de TV propio? Si la versión que circula es cierta, la cosa tiene que ver con alguna forma de revancha. La TV dominical le ha aportado algunas de las peores noticias de su mandato.Quizás sienta que es la hora de responder.

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    O no es parte de una vendetta contra la prensa, a la que tanto detesta, sino expresión de su impulso imitativo, que consistiría en llenar periódicamente la pantalla, como hacen o han hecho otros presidentes. Pero esos políticos suelen ser loros, que no pueden dejar de hablarle al público. Ese nunca ha sido el caso de Dina Boluarte.

    No es un encargo fácil. El propio Fernando Belaúnde Terry, que sí era un orador educado y fluido, intentó hacer una suerte de conferencia de prensa presencial al paso, frente a la puerta de Desamparados, pero el experimento no duró mucho. Sus sucesores siempre han acotado y dosificado sus presentaciones ante la ciudadanía, haciéndolas ocasionales, no periódicas.

    Cuesta imaginar a Boluarte ofreciendo un flanco a sus opositores cada domingo a las ocho, como se llamaría el programa, con resonancias de Augusto Polo Campos. No que hoy falten argumentos para criticarla, pero un resbalón fresco cada semana, no importa de qué tipo, sería un festín para quienes no la aprecian, que no son pocos.

    El tema está tan erizado de inconvenientes, que parece el invento de algún oficioso consejero de Palacio, con el evidente propósito de halagar a la jefa, haciéndola salir en combate contra los feroces programas dominicales de la TV. Más que un proyecto, lo que circula parece una manera de probar las aguas. ¿Las aguas de qué? No se sabe.

    Si algo así se materializara, no pasaría de ser el programa político particular de una presidenta y su entorno cercano. Este tipo de ejercicio suele hacerse desde la escenografía del Palacio de Gobierno, como una forma de proyectar poder semanal. Recién allí comenzaría la lucha por el rating de la nueva conductora.

    Nos atrevemos a pronosticar que nunca veremos ese programa. Estaría atravesado de peligros, transmitiría una imagen de lo que se llama peculado de uso, se prestaría a una sátira que podría llegar a ser sangrienta. Mejor buscar discretamente ocasionales invitaciones a canales comerciales amigos, o cuando menos neutros, que los hay.

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