Zona de confort
La zona de confort gozaba hasta hace poco de un prestigio horroroso, como de ministro de Fomento. Lo suyo era salir, moverse, mudarse al extranjero, aprender inglés, francés, chino, sánscrito, lo que fuera; había que crecer, daba igual hacia dónde, pues el prestigio estaba en tener una vida nueva cada pocos años, como si la existencia fuera una carrera de obstáculos. La consecuencia lógica era que había que cambiar de vida con la misma frecuencia que de lavadora o de armario o de pareja: todo se gastaba igual de rápido, y el mantenimiento ha sido siempre tan caro... Los que se agarraban a la comodidad de su existencia eran parias, gente que no vivía en este siglo nuestro; eran sospechosos... Ver Más