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Fase 2 del genocidio israelí: ocupación del 53% de Gaza, asesinatos, segregación y línea amarilla

Israel mata a otras once personas en Gaza –siete de ellas niños y niñas–, mantiene bloqueado el paso de Rafah y consolida su ocupación militar en más de la mitad de la Franja, con la señalización de una nueva frontera

El show de Trump: una operación de lavado de imagen a Israel y un respaldo al genocidio

En solo una semana desde el anuncio de alto el fuego, el Ejército israelí ha violado decenas de veces la tregua, ha asesinado a treinta y cuatro personas y herido a más de un centenar en la Franja de Gaza. Este viernes mató a once miembros de la familia Abu Shaaban que viajaban en un vehículo en la ciudad de Gaza: eran siete niños y niñas, dos mujeres y dos hombres. Trataban de llegar a su casa, para comprobar si seguía en pie e inspeccionar los daños. No lo lograron.

Israel insiste en que disparará contra todas las personas que crucen la invisible línea de separación –llamada 'línea amarilla'– que divide en dos la Franja, establecida a través del plan de Donald Trump. La reportera palestina Hind Khoudary explica, desde Gaza, que la mayoría de la población no tiene acceso a Internet ni información precisa sobre la ubicación exacta de las fuerzas israelíes y esa nueva línea de demarcación.

El ministro de Defensa israelí ha anunciado que esa nueva frontera ha empezado a ser señalizada “con marcas continuas especiales”, oficializando así la apropiación, sin plazo de caducidad, de al menos un 53% del territorio de la Franja. La denomina “línea de separación política y de seguridad”.

En 1949 Israel trazó la línea verde para marcar dónde se detuvieron los combates; al igual que ahora la amarilla, iba a ser temporal, pero se convirtió en la frontera de facto hasta 1967, cuando Israel ocupó más territorio

Esa frontera amarilla aparece ya en los mapas israelíes publicados estos días por el Gobierno, al igual que en 1949 se trazó la llamada línea verde para marcar el territorio conquistado por Israel en la guerra del 48, lo que supuso un 24% más de lo asignado por el plan de partición de la ONU. La línea verde, al igual que hoy la amarilla, iba a ser transitoria, “de armisticio”, pero se convirtió en la frontera de facto hasta que el Ejército israelí invadió más territorio palestino en 1967.

Con ello, Israel alcanza parte de sus objetivos: desgajar territorialmente el área palestina, arrinconar a su población en un gueto más reducido y dar un paso más en su ocupación ilegal.

El director del grupo de investigación internacional Forensic Architecture, Eyal Weizman, ha mostrado una imagen aérea de los años sesenta en la que se ve que la 'línea amarilla' ahora trazada por Israel “coincide aproximadamente con el límite de la duna de arena costera de la zona, dejando a Gaza sin la mayoría absoluta de sus áreas agrícolas en los suelos fértiles del este”. El riesgo de mayor apartheid está servido.

Israel señaliza en el terreno la ocupación de un 53% de Gaza, desgajando la Franja y arrinconando a los palestinos en un gueto más reducido

Violaciones habituales

“Desde 2008-09 Israel repite el mismo guión: El alto el fuego israelí es tú paras y yo disparo”, denunció esta semana la relatora de la ONU, Francesca Albanese, en referencia a las violaciones israelíes de la tregua. El modus operandi no sorprende. Desde el alto el fuego acordado en Líbano hace un año, Israel lo ha incumplido en más de 4.500 ocasiones, matando a “cientos de personas, incluidos menores, derribando decenas de miles de viviendas y anexionándose cinco áreas del país”, señala el exembajador británico Craig Murray. Este mismo viernes el Ejército israelí volvió a bombardear territorio libanés.

Tampoco se ha relajado la ocupación ilegal en Cisjordania, donde Israel se anexiona más áreas y traza ya la construcción de veintidós nuevos asentamientos, el plan de robo de tierras más gigantesco de las últimas décadas en la zona. Allí, en un pueblo cercano a Hebrón, el Ejército israelí mató a otro niño esta semana, Muhammad al Hallaq, de diez años de edad.

Con esta son ya 1.001 las muertes causadas por tropas y colonos israelíes desde octubre de 2023 en Cisjordania. Una quinta parte de esos asesinados son niños, según cifras de Naciones Unidas. “Es necesario revertir la anexión de Cisjordania, debe haber rendición de cuentas por todas las violaciones del derecho internacional”, ha insistido el Alto Comisionado para los Derechos Humanos de la ONU, Volker Türk.

Israel ha matado esta semana a otro niño de 10 años en Cisjordania: ya son 1.001 las víctimas mortales por fuego israelí en ese territorio en dos años

El alto el fuego ha sido diseñado a la medida de los intereses israelíes. Da luz verde a la ocupación de más territorio palestino en Gaza, establece control colonial, no excluye otra limpieza étnica y deja la puerta abierta a un genocidio ralentizado, sin rendición de cuentas.

Cambia la fase, el ritmo y algunos métodos, con un marco más ajustado a las necesidades narrativas de los gobiernos occidentales aliados de Estados Unidos e Israel, que ya lo usan como coartada para no adoptar sanciones contra Tel Aviv. Pero eso no significa que cesen los crímenes, la segregación y la desposesión progresiva contra el pueblo palestino.

El Gobierno israelí no renuncia a sus objetivos: expulsión o desplazamiento forzado de la población de la Franja, robo de la tierra y configuración definitiva del “Gran Israel”, con Gaza, Cisjordania, Jerusalén Este, los Altos del Golán sirios y zonas del sur libanés. Este lunes el primer ministro Netanyahu defendió, una vez más, la soberanía israelí sobre Jerusalén, Cisjordania y los Altos del Golán sirios, territorios ocupados ilegalmente.

El lenguaje de la reconstrucción para Gaza esconde una ocupación rediseñada a través del control económico y la gestión extranjera

Phyllis Bennis, Institute for Policy Studies

Esta semana Israel volvió a bloquear la entrada de productos necesarios y, tras ello, la está limitando a unos trescientos camiones diarios, una cantidad insuficiente. Además, mantiene varios pasos cerrados, incluido el de Rafah, que es clave. La mayoría de la población vive en tiendas de campaña u otros refugios provisionales con temperaturas cada vez más bajas.

Las imágenes aéreas de la Franja muestran un territorio arrasado por las bombas, con buena parte de los edificios dañados, destruidos o en riesgo de derrumbe.

“Hay cincuenta millones de toneladas de escombros mezclados con huesos humanos de niños, de ancianos y familias enteras, con explosivos sin detonar y con restos químicos y otros contaminantes de las armas. ¿Qué se va a hacer con ello? ¿Lo van a dejar allí? ¿Dónde se va a trasladar?”, se pregunta la investigadora estadounidense Phyllis Bennis, del Instituto Transnacional y del Institute for Policy Studies.

“El lenguaje de la reconstrucción esconde una ocupación rediseñada a través del control económico y la gestión extranjera”, advierte.

Jerarquía colonial

Lo que se impulsa no es la paz, sino la consolidación del poder colonial, diseñado por Estados Unidos e Israel con la firma de Egipto, Turquía y Catar y con el apoyo de otros países árabes y europeos. El plan impuesto establece un marco de control del territorio y de la población palestina que lo habita. La tregua ha detenido los bombardeos aéreos, pero no las estructuras de dominación que dictan quién debe gobernar Gaza, quién gestionará la ayuda y quién se beneficiará de la reconstrucción, con tarifas preferenciales prometidas por Donald Trump.

El proyecto del presidente de EEUU, protector de Netanyahu, excluye a los palestinos de los principales niveles de toma de decisiones. Su diseño prevé un organigrama jerárquico, con un organismo de gobierno en la cúpula denominado Autoridad Transitoria Internacional de Gaza, un término parecido al de Autoridad Provisional de Coalición de Irak, nombre del gobierno de ocupación ilegal de Irak en 2003.

Por debajo se pretende crear instituciones económicas destinadas a controlar las inversiones y los negocios urbanísticos y de reconstrucción, con comités de empresas internacionales al mando.También se establecerán equipos para la seguridad y, en un nivel inferior, comités para la ayuda humanitaria, con compañías privadas y participación de Naciones Unidas. “En el escalafón más bajo estará el equipo de coordinación constituido por tecnócratas palestinos, de los que nadie sabe quiénes serán ni cómo van a ser elegidos”, explica Bennis.

La supervisión de los palestinos es el eje vertebral del plan, basado en la misma idea racista que sustentó los mandatos británicos y los protectorados franceses en todo el mundo árabe hace más de un siglo, cuando el colonialismo todavía no había sido prohibido por el derecho internacional. Entonces los colonizadores ocupaban territorios con la excusa de que tenían que civilizar a las poblaciones bárbaras porque no se podía confiar en que se gobernasen a sí mismas. “Antes lo hacían en nombre de la civilización. Ahora lo llaman paz”, denuncia el periodista palestino Ahmed El Din.

Torturas sobre cuerpos palestinos

A través del plan de Trump la medida más urgente no es la retirada de la gigantesca cantidad de escombros, ni el rescate de los cadáveres de los miles de palestinos desaparecidos en Gaza, sino la búsqueda de los cuerpos de los 18 rehenes israelíes muertos que faltan.

Esta semana Israel entregó decenas de cadáveres de palestinos arrestados. La mayoría llegaron irreconocibles, con signos de maltrato, tortura y ejecuciones sumarias, con brazos y piernas atados, marcas de golpes, cortes, disecciones y disparos.

Los testimonios de los más de mil novecientos palestinos puestos en libertad esta semana, a cambio de los últimos veinte rehenes israelíes vivos, también mencionan maltrato o torturas. Es el caso del doctor Ahmad Mhanna, director del hospital Al Awda de Gaza, arrestado hace un año y diez meses, o el de Mahmoud Abu Foul, de 28 años, que ha salido con los ojos destrozados. “Me provocaron ceguera con descargas eléctricas continuadas y después me negaron el tratamiento médico que necesitaba”, ha denunciado.

La mayor parte de los palestinos puestos en libertad esta semana no tenían ni cargos ni condenas. Las detenciones arbitrarias, sin garantías y a menudo sin comunicación con el exterior son una práctica habitual de Israel, y así lo han denunciado en repetidas ocasiones informes de relatores de Naciones Unidas y organizaciones internacionales de derechos humanos. Una ley israelí permite arrestar sin cargos a cualquier palestino, incluso a menores de edad, sin juicio y con posibilidad de prórroga cada seis meses.

Actualmente, de los nueve mil palestinos que están en cárceles israelíes, al menos tres mil quinientos se encuentran en esa situación: sin cargos ni juicio. Entre ellos hay unos cuatrocientos menores, cincuenta y dos mujeres y decenas de médicos y sanitarios secuestrados en sus propios hospitales.

Más de 9.000 palestinos siguen en cárceles israelíes, 3.500 sin cargos ni juicio. Entre ellos hay 400 menores y 52 mujeres.

Barbarie disfrazada de orden

En 2003 las fotografías de las torturas en la cárcel estadounidense de Abu Ghraib, en Irak, provocaron más revuelo en Estados Unidos y Europa que los vídeos mostrados hace ya un año por el diario israelí Haaretz, en los que aparecían prisioneros palestinos maltratados, maniatados y con los ojos vendados. La deshumanización de la población palestina está normalizada, y la propaganda proisraelí busca ahora dar un paso más en ese sentido.

Así lo denuncia la relatora de la ONU para Palestina, Francesca Albanese: “El mundo ignora a los REHENES [sic] palestinos debido a una ”barrera de especímenes“: en la jerarquía del valor humano, los palestinos no son vistos como plenamente humanos y, por lo tanto, no pueden ser ”rehenes“ de lo sobrehumano. Seguimos ahí, barbarie disfrazada de orden”.

La jerarquía racial aplicada por el sistema de apartheid israelí ha sido asumida también por el plan de Trump y por otros mandatarios internacionales que lo apoyan. Se mira hacia otro lado ante las evidencias de crímenes masivos, de torturas y de esta nueva fase de anexión territorial ilegal.

En este sentido, la organización israelí B'Tselem ha señalado esta semana que “la misma base que permitió los crímenes de Israel en Gaza y Cisjordania durante los últimos dos años permanece intacta: el total desprecio por la vida y la dignidad palestinas en nombre de la supremacía judía. La ocupación y el apartheid siguen con toda su fuerza; la continua negación de la humanidad e identidad palestina, que posibilitó el genocidio, continúa hoy”.

La directora de Amnistía Internacional, Agnès Callamard, se ha expresado en la misma línea, y ha lamentado que la Unión Europea haya retirado de su agenda la votación para plantear la suspensión su Acuerdo de Asociación preferencial comercial con Israel: “Un alto el fuego no significa el fin del genocidio, la ocupación ilegal o el apartheid”, recordaba este sábado. “El acuerdo entre la UE e Israel debe suspenderse”, añadía.

Tras dos años de masacres, de desplazamientos forzados, de hambre provocada sin posibilidad de huida para la mayor parte de la población, la segunda fase del genocidio israelí reduce el ritmo y la cantidad de asesinatos, pero no los detiene. Israel sigue destruyendo al pueblo palestino a través de la ocupación, de la segregación, del encierro entre muros y vallas, de asesinatos y desplazamiento forzado. El plan de Trump disfraza este nuevo escenario para permitir más apartheid y una ocupación militar de facto que roba más territorio a los palestinos.

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