No decir nada
La semana pasada se publicaba en este suplemento una peculiar entrevista a J.M. Coetzee . Preguntado por la influencia cinematográfica en su estilo, el escritor sudafricano respondía que los diálogos de la mayoría de las películas le parecían «más bien pobres, utilitarios y, sin duda, nada dignos de imitar». Me gustó que Coetzee subrayara esto, porque hace tiempo que me topo con este tipo de diálogo insulso no solo en novelas que aspiran a ser comerciales, a entretener y poco más, sino en muchas pretendidamente literarias, que ven la luz en sellos de prestigio, en las que las intervenciones de los personajes parecen sacadas de un telefilme: oraciones estereotipadas que hemos leído mil veces, puros clichés. Este tipo de libros,... Ver Más