María Sánchez: «Mi trabajo explora la belleza y la identidad desde la fragilidad»
Nombre completo: María Sánchez López. Lugar y fecha de nacimiento: Sevilla, 21 de junio de 1997. Residencia actual: Madrid. Formación: Graduada en Bellas Artes. Ocupación actual: Artista y auxiliar de exposiciones en el Museo Nacional del Prado . Qué le interesa. Desde que tengo uso de razón he sentido un impulso de comunicar y conectar, de abrir puertas a través de mis creaciones. Mi trabajo explora la belleza y la identidad desde la fragilidad: cómo nos descubrimos y nos comprendemos en los espacios que habitamos, desde los imaginados hasta los más íntimos, como el hogar. El cartón se ha convertido en un material central: frágil y humilde, lo transformo con la pintura en algo bello y potente, resignificando lo cotidiano y ofreciendo una suerte de refugio a quienes no han sentido nunca una raíz firme desde la que habitar el mundo. De dónde viene. ¿Ǫuién me iba a decir que aquella primera exposición individual en el Ayuntamiento de Sevilla —pintada en un pequeño estudio que también era mi casa— sería el inicio de un recorrido que me llevaría a espacios públicos y privados por toda España? He participado en certámenes como el Premio Mainel, el Nacional de Pintura José Arpa, el CAC de Vélez-Málaga y el Museo de la Universidad de Alicante, con reconocimientos como el 1º Premio Vila de Pego 2024 y el Premio D-Mencia en 2018. Este 2025 ha sido un año decisivo: participé en la Feria Internacional Hybrid, donde recibí el premio de residencia de Canal Gallery en Barcelona, y también en los Encontros de Artistas Novos en Galicia. Además, guardo un cariño especial por mi primera exposición en Madrid con galería Sara Caso, donde hoy sigue presente mi obra. Entre todos los proyectos, destacaría mi participación en Hybrid con Espacio La Cabina, una colectiva que marcó un antes y un después en mi trayectoria. Supo que se dedicaría al arte… Aunque mi infancia tuvo momentos difíciles, recuerdo una tarde, con unos 8 o 9 años, dibujando, en la que el mundo pareció detenerse. Se creó a mi alrededor una burbuja protectora que me aislaba de todo, un remanso de paz donde el tiempo se congelaba. En ese instante supe que había encontrado un espacio propio, un lugar donde podía existir plenamente dentro de mi propia creación, un locus amoenus que todavía hoy sigue guiando mi trabajo. ¿Qué es lo más extraño que ha tenido que hacer en el arte para «sobrevivir»? Mi relación con la pintura es como un matrimonio particular: llevamos casi veinte años juntos, y hace cinco decidimos tomárnosla en serio. Entre las muchas aventuras por seguir creando, recuerdo un año en el que, por necesidad, tuve que dejar la habitación que alquilaba y mudarme a vivir a mi taller. Aquella experiencia me enseñó a adaptarme, a superar obstáculos y a no renunciar nunca a pintar. Incluso en la precariedad, aprendí que se puede crecer y mantener viva la pasión por el arte. Su yo «virtual». Las redes sociales han cambiado la relación con el arte: permiten acercar la obra al público y, al mismo tiempo, desmitificar al creador. Muestran desde el estudio hasta las ideas, preocupaciones y reflexiones que influyen en cada obra, dejando entrever cómo se construye el proceso creativo. Pueden seguir mi perfil en IG – @mariasanchez.arte – como una especie de galería virtual donde comparto mis pinturas, mis procesos y todo aquello que me llama la atención en mi día a día. También uso Instagram para descubrir nuevas referencias, artistas e información cultural que amplíe mi mirada. Además, la inteligencia artificial se ha convertido en una aliada: con programas como Krea, trabajo los bocetos de mis maquetas en un diálogo constante con la IA, explorando colores, formas y posibilidades, haciendo tangibles ideas que antes solo existían en mi imaginación. Dónde está cuando no hace arte. Aunque paso la mayor parte del tiempo en el estudio, compagino mi práctica con empleos vinculados al arte: actualmente trabajo en la atención al visitante del Museo del Prado, y ocasionalmente como auxiliar de montaje en exposiciones, tanto en galerías como en espacios públicos. Pero lo que realmente me nutre son los encuentros con otros artistas, los debates, las sensaciones compartidas y perderse en exposiciones de museos y galerías. Son esos momentos los que abren nuevas puertas a la creatividad y mantienen vivo el impulso de seguir creando. Le gustará si conoce a... Siempre me ha movido la curiosidad insaciable, el deseo de abrir puertas y descubrir mundos nuevos a través de otros artistas. Entre mis referentes destacan quienes transforman el espacio y resignifican el hogar: Gordon Matta-Clark, con sus cortes que revelan la arquitectura oculta; Chiharu Shiota, que teje la memoria y la intimidad de los hogares; Gregor Schneider, que transforma lo cotidiano en poético y perturbador; y Liliana Porter, cuya obra invita a jugar con los mundos interiores y lo surrealista. También me ha marcado la abstracción escultórica de Oteiza y los paisajes metafísicos de De Chirico, que abren dimensiones insospechadas. Entre mis colegas de generación, tengo la fortuna de conocer y admirar a artistas como Johanna Failer, Alejandro Ginés, Pedro Almeida, Agus Díaz Vázquez, Unpatrus, Paula Rosell, Nacho Vergara y Naza del Rosal, cuyas propuestas me inspiran y me desafían constantemente. Qué se trae ahora entre manos. Estoy preparando mi próxima exposición individual para Canal Gallery, en su nueva sede en Madrid. Al mismo tiempo, quiero que mi obra trascienda el soporte plano: estoy desarrollando una serie de 'casas' en arcilla e impresión 3D, construyendo pequeños refugios que se puedan tocar, habitar y explorar. ¿Cuál es su proyecto favorito hasta la fecha? Si hay un proyecto del que me siento verdaderamente orgullosa es de seguir pintando pese a todo. Cada día me acerco más a la libertad plena, utilizando la creación como mi sostén y brújula en la vida. ¿Por qué tenemos que confiar en ella? Bueno, no es una obligación (ríe). Puede confiar en mi obra quien resuene en ella. Por ello, siento que uno de sus valores es que no es solo pintura: es refugio, es espacio para sentir, pensar y reconocerse. Cada pieza que creo busca detener el tiempo y abrir puertas: invita a entrar, explorar y reconstruirse desde la fragilidad. ¿Dónde se ve de aquí a un año? Dentro de un año me veo pintando cada mañana, bajando corriendo a mi garaje —mi cueva— a crear, como siempre. Pero también me imagino dando pasos más grandes: participando en ferias nacionales de relevancia, colaborando con marcas y acercándome al panorama internacional. Siento que cada día mi obra crece, y con ella, mi camino como artista se expande hacia horizontes que aún están por descubrir. Defínase en un trazo. ¿A quién cedería el testigo de esta entrevista? Le cedería el testigo a Naza del Rosal, una artista e ilustradora que nos invita a descubrir un imaginario propio y consciente, capaz de enseñar al mundo nuevas formas de mirar, sentir y habitar la creación.