Lo que aprendemos de niños define cómo enseñamos: estudio del CIAE revela huella escolar en futuros profesores de matemáticas
Lo que un profesor vivió como estudiante puede definir cómo enseñará mañana. Esa es una de las conclusiones de un estudio que analizó cómo las experiencias escolares de quienes se preparan para ser docentes de matemáticas influyen en sus creencias y decisiones en el aula.
La investigación —realizada por Farzaneh Saadati, Eugenio Chandía Muñoz y Anahí Huencho, del Centro de Investigación Avanzada en Educación (CIAE) de la Universidad de Chile, la Universidad de Concepción y la Universidad Católica de Temuco— encuestó a más de 250 estudiantes de pedagogía en matemáticas de 18 universidades distribuidas en distintas regiones del país. Los resultados muestran que las experiencias vividas en la escuela dejan una huella profunda, incluso años después, cuando los futuros profesores deben diseñar sus propias clases.
Los expertos identificaron dos tendencias principales. El 73 % de los estudiantes de pedagogía encuestados presenta una visión más abierta a la exploración, donde el estudiante participa activamente en su aprendizaje, aunque con un fuerte rol del profesor como guía. El otro 27 % mantiene una visión más tradicional, donde el docente conserva el control y protagonismo en el aula.
Ilustración que representa cómo las experiencias escolares influyen en las futuras prácticas docentes, tema central del estudio del CIAE de la Universidad de Chile. Imagen creada con Inteligencia Artificial.
“Una visión más abierta a la exploración suele ser más eficaz para promover aprendizajes en matemáticas, al situar al estudiante como protagonista activo”, aseguró. Farzaneh Saadati, investigadora del CIAE de la U. de Chile. “Que el 73 % de los futuros profesores llegue con esta disposición puede impulsar prácticas más participativas y reflexivas en las escuelas, en sintonía con las orientaciones actuales de la política educativa en Chile”, agregó.
Asimismo, el docente de la Universidad de Concepción, Eugenio Chandía, enfatizó que esta mirada “facilitaría la adquisición de conocimientos profesionales orientados a promover interacciones de calidad, discusiones matemáticas y una convivencia respetuosa en las clases de matemática”.
El hallazgo más relevante es que las experiencias escolares pasadas -especialmente las de enseñanza media- tienen un efecto directo en las prácticas que los futuros profesores proyectan aplicar. Quienes vivieron clases más participativas y con enfoque constructivista son más propensos a fomentar la autonomía de sus estudiantes.
Sin embargo, los investigadores advierten que no se trata de una relación lineal: las creencias y las experiencias se cruzan de manera compleja. Por ejemplo, algunos que valoran la autonomía terminan reproduciendo prácticas más controladas, lo que muestra que cambiar la forma de enseñar no solo depende del conocimiento pedagógico, sino también de los recuerdos que traemos como alumnos.
Sala de clases. Foto: Aton.
En ese sentido, la académica de la Universidad Católica de Temuco, Anahí Huencho, afirmó que: “El diagnóstico inicial en la formación docente, así como los mecanismos de acceso a estos programas deberían considerar no solo el conocimiento disciplinar, sino también las concepciones y enfoques de enseñanza que los postulantes traen consigo”
Además, plantean un desafío para la formación inicial docente: no basta con enseñar nuevas metodologías, sino que es necesario reflexionar sobre las experiencias personales que cada estudiante trae del sistema escolar. Solo así, señalan los autores, será posible romper el ciclo que mantiene prácticas tradicionales en las salas de clase.
Si lo anterior no ocurre -dicen los investigadores, como se observa en el 27 % de los casos del estudio- que dichas concepciones no se alineen con los perfiles de egreso de las carreras ni con las orientaciones actuales de la política educativa: “Sería necesario establecer procedimientos sistemáticos que permitan identificar y abordar estas discrepancias desde el inicio de la formación”.