El linaje ardiente de Plath
En la poesía de Sylvia Plath siempre hay un fondo de deshora, una lámpara que está encendida a orillas de la muerte. Me sirve para ella aquello de Huidobro: «Los verdaderos poemas son incendios». Porque la lectura de Plath es un viaje a lo abrasivo, un rumbo por las incertidumbres de la existencia al límite. No está la muerte en su obra como un final absoluto sino como una frontera desde donde verle a la vida «la luz del fondo». Llega a ensayar en el desmayo un modo de resucitarse, y en el dolor una manera del conocimiento, acaso la única manera del conocimiento. Por ahí podemos encontrarle a Plath un parentesco con otra poeta de iluminación abismal, Alejandra Pizarnik,... Ver Más