Evaluar tiene sus complejidades
En las primeras edades se ve con claridad, si se para uno a mirarlo, cómo va llevando cada niño su proceso de crecimiento, cómo avanza en su desarrollo y en su equilibrio afectivo, cómo aprende, cómo se acerca a los demás, cómo se va haciendo mayor... Pero será necesario trabajar esa mirada para que la nuestra sea una práctica consciente, afectuosa, implicada y tenaz. Una mirada que signifique aceptar y comprender. Una mirada que pueda ordenar e intentar entender lo que va viendo, detectar las posibles dificultades e intervenir lo más respetuosa y creativamente posible.