¿Qué tan difícil puede ser enamorar a un electorado desesperanzado?
Los resultados del domingo trajeron una sorpresa que a su vez detonó una bomba. El triunfo libertario en Buenos Aires legitimó fuertemente el golpe de timón de los días previos a la elección y volvió a recordarles al peronismo que está en crisis.
Mucho se critica a las encuestas, pero si algo viene evidenciando es que el terreno de la opinión pública cuenta con dos polos fuertes de atracción. El patrón de cada uno es discutible, pero en mi caso más tradicional me inclino por seguir sosteniendo lo que la Ciencia Política clásica sostiene hace tiempo: clivaje peronismo / no peronismo.
Claro que no se presenta con las mismas condiciones que décadas atrás. Primero porque el peronismo ya vivenció varias derrotas. Y segundo porque ambos polos vienen de experiencias de gobiernos que para el imaginario colectivo han fracasado, al no poder resolver la totalidad de expectativas que habían generado.
¿Dónde encaja Milei? Aquí es pertinente marcar que una cosa es el liderazgo y otra el electorado. En un sistema de político en caída libre por la apatía y un preocupante desinterés popular, Milei representó una solución de corte profundo, para muchos es lo nuevo que contrasta al pasado. Critica a la casta, pero tiene un gobierno repleto de casta. Critica al peronismo, siendo un producto del peronismo (se me vino a la mente aquellas manifestaciones de Milei junto a Camioneros o sentado al lado de Guillermo Moreno en Crónica TV criticando a Macri). Pero curiosamente, para el electorado representa una alternativa al peronismo. ¿Por qué?
Por la manera disruptiva de ejercer y legitimar su liderazgo. Es un rock star que no le importan las formas, no tiene problema de insultar ni de respetar los protocolos. Es un líder que prometió cosas que terminó haciendo. Por ejemplo, prometió un ajuste que terminó haciendo. Miren con qué poco se puede capitalizar algo dramático. También dijo que iba a bajar la inflación, cosa que terminó sucediendo para las familias argentinas.
Por su puesto que muchos compatriotas no llegan a fin de mes. Justamente, algunos de ellos siguen teniendo la esperanza de que pronto lo harán y por eso siguen apostando por el gobierno, el cual entienden que les advirtió que es difícil, pero eso no se los prometió. En fin, el presidente aprendió de otras experiencias a no prometer de más.
Pero hay un rasgo fundamental en su liderazgo: Milei potenció la novedad y trabajó sobre la desesperanza transformándola en opción política competitiva. Lo curioso es que lo hizo sin partido político, sin formación política y sin cuadros. Un economista que viene a arreglar números. Tan limitado a los números que cuando se desvía a su batalla cultural no hace más que pedalear en el aire.
Así y todo, Milei cuenta con un 58% de la población que no lo apoya. Gana simplemente porque en frente reina el caos. Y allí aparece, entre otros, el peronismo; que parecí a que tenía encaminado todo pero saltó al casillero que lo hizo retroceder diez pasos. Cuando todo indicaba que Axel tenía el camino presidencial allanado, aparecieron nuevamente los reproches, pases de factura y bailes en el balcón.
Es cierto que una derrota así en tu terruño te obliga a dar más explicaciones. Pero tampoco es que hay una apertura de dirigentes con su misma condición. Sumo un componente más, el peronismo a nivel nacional no solo ya muestra que pierde elecciones (dejó de ser imbatible hace años) sino que además se encuentra con un problema mayor: su techo electoral nacional no le estaría permitiendo ganar en primera vuelta.
En el 2019 Cristina lo solucionó convocando a Alberto Fernández, alguien que en aquel momento pudo sumar a más actores que el kirchenerismo duro y así ganarle a Macri. Pero justamente, un gobierno malo la ubica también a Cristina como responsable. Entonces, ¿cómo se hace para superar el techo? O dicho de otra forma, ¿cómo se hace para conquistar votos por fuera del peronismo? Nótese que el gobernador bonaerense lo intentó luego del 7 de septiembre, pero no pasó a mayores. Y aquí creo que la clave, que no solo corresponde al peronismo sino a todas las fuerzas políticas, es entender de una buena vez que lo pasado (y ser identificado con el pasado) lejos de sumar, resta. La sociedad en general está exigiendo caras nuevas, gente que no esté pegada a los fracasos que vienen siendo los últimos gobiernos. Y hasta creo que no es ideológico ya, es un tema de novedad.
Algo que parece sencillo, pero con los egos más la falta de lectura de la clase política actual, es muy difícil. Y me remito a los hechos. Taina y Randazzo encabezaron listas, las cuales salvo raras excepciones no contaron absolutamente con nada que se parezca a una renovación.
Hay momentos y momentos para las cosas. El electorado premia lo novedoso, necesita enamorarse. Necesita políticos que cumplan al menos una promesa. Los eslóganes baratos ya cansaron, pasaron de época.
Si el peronismo sigue insistiendo con Taina o Cristina, más que el poder le espera años de terapia.