Monasterios que merece la pena visitar (con peligro de querer quedarse)
En ocasiones el cuerpo te pide bullicio, movimiento y actividad, pero, en otras es todo lo contrario: tranquilidad, cero prisas y mucha paz. Unas veces perderte en una gran ciudad y hacer cola para reserva en el local de moda te parece un planazo, pero otras necesitas calma, un lugar para visitar cargado de simbolismo y una historia que te llene e inspire. Aquí es donde los monasterios entran en juego y es que entre claustros y capillas es fácil trasladarse a otro mundo, uno el que la vida era más sencilla y la belleza está en cada rincón.
En España hay unos 800 monasterios. Algunos están habitados, otros se han reconvertido en alojamientos o centros culturales y otro son hoy solo un monumento más que visitar. Pero todos comparten algo: hacen que, por un momento, sientas que no necesitas nada más. Como es imposible conocerlos todos, vamos a reducir esa lista a los que son más interesantes desde el punto de vista arquitectónico y valor artístico.
Real Sitio de San Lorenzo de El Escorial (Madrid)
Es uno de los más grandes del país y es que el del Escorial es mucho más que un monasterio. Palacio, basílica, panteón real, biblioteca, claustro… El Escorial fue la gran obra de Felipe II y aún hoy impone por su sobriedad y su escala. Declarado Patrimonio de la Humanidad, es uno de esos lugares donde todo está pensado para impresionar (a los de su época y a los de la actualidad) y, al mismo tiempo, para invitar al recogimiento. Pasear por sus patios, escuchar el eco en las estancias o contemplar los techos de la biblioteca es una experiencia que va más allá de la visita monumental. Eso sin contar la lección de historia que supone entrar al panteón real…
Monasterio de Santo Domingo de Silos (Burgos)
En medio de un valle tranquilo, rodeado de naturaleza y de un pueblo que ha crecido al son de sus cantos gregorianos, este monasterio benedictino es uno de los grandes tesoros del románico español. Su claustro es una joya tallada en piedra, con capiteles que parecen narrar cuentos detenidos en el tiempo. Pero lo que no se detuvo es la vida en él. Hoy en día los monjes siguen entonando los cantos gregorianos que un día les dieron tanta fama que incluso sacaron discos.
Monasterio de Guadalupe (Cáceres)
Peregrinos, reyes y viajeros han pasado por este impresionante monasterio escondido entre montañas. Patrimonio de la Humanidad y uno de los centros espirituales más importantes de la Península durante siglos, Guadalupe sorprende por su mezcla de estilos (gótico, mudéjar, barroco) y por la fuerza tranquila que desprende todo el conjunto. Tras la visita al monasterio, no hay que olvidar perder el pueblo que lo rodea, considerado uno de los más bonitos de nuestro país.
Real Monasterio de San Juan de la Peña (Huesca)
A medio esconder bajo una enorme roca, en una zona no de muy fácil acceso del Pirineo, este monasterio es uno de los más sorprendentes de España y también de los más antiguos. Fundado en el siglo X, fue panteón de reyes de Aragón y lugar clave en la historia del reino. Y es un dos por uno, ya que poca distancia está ubicado el «nuevo» monasterio. De estilo barroco con tres naves majestuosas y tres grandes portadas. Además, aquí está instalado el Centro de Interpretación del Reino de Aragón, que merece una visita, ya que ayuda a entender la importancia que tuvo este monasterio a lo largo de los siglos.
Monasterio de Santa María de Oia (Pontevedra)
Uno de los pocos monasterios que tienen vistas al mar. Así, su paisaje y el sonido del Atlántico golpeando la costa logran que este sea uno de los más especiales. Este monasterio cisterciense del siglo XII tiene una presencia poderosa y serena a la vez. Fue fortaleza, refugio y lugar de oración, y aunque hoy no acoge comunidad, conserva intacta esa atmósfera que mezcla recogimiento y belleza. Es uno de esos lugares donde apetece detenerse sin motivo, solo para mirar y respirar. Poco conocido y muy fotogénico, es perfecto para una escapada diferente por la costa gallega.
Parador de Santo Estevo (Ourense)
Entre bosques y cañones, en pleno corazón de la Ribeira Sacra, se levanta este antiguo monasterio benedictino convertido en Parador nacional. Con siglos de historia a sus espaldas y tres claustros que resumen el paso del románico al barroco, Santo Estevo conserva intacta su solemnidad, pero la combina con el confort de un hotel de nuestra época. Aquí no hace falta imaginar cómo sería quedarse: puedes hacerlo. Dormir entre muros centenarios, pasear al amanecer por sus galerías silenciosas o relajarte en su spa con vistas al bosque es una forma diferente de imaginarse como sería ser monje.