El 'boom' de los pisos en garajes y sótanos para en chalés de lujo para alumnos de universidades privadas
Existe una especie de ley del silencio en ciertos rincones de Villaviciosa de Odón (30.000 habitantes). La urbanización El Bosque, en parte con viviendas unifamiliares de alto poder adquisitivo y situada costado con costado con el campus principal de la Universidad Europea de Madrid, viene sufriendo una metamorfosis: se multiplican los propietarios que están habilitando los sótanos y garajes de sus casas, donde residen, para alquilarlos como estudios o habitaciones para alumnos de la zona. Son aquellos jóvenes que no pueden costearse un pequeño piso o una habitación en condiciones por lo disparatados que están los precios actualmente. Además, la presencia de campus en localidades de la periferia, como Villanueva de la Cañada (Universidad Alfonso X el Sabio) y Getafe (Universidad Carlos III), está tensionando más el mercado inmobiliario, explican fuentes conocedoras del negocio. Una reconversión silenciosa que empieza ya a notarse en los principales portales de ofertas. Los propios estudiantes consultados confirman otra realidad: la compra por parte de pequeños inversores de chalés de gran tamaño para ponerlos en arrendamiento por habitaciones. En este caso, los dueños no residen allí, sino que adquieren las viviendas y las alquilan , con ofertas de hasta 12 habitaciones; en muchas ocasiones, tabicadas después de una reforma. Asimismo, se están multiplicando las residencias de estudiantes en construcciones unifamiliares y que gozan de la licencia especial para estos establecimientos; se conjugan en el espacio urbano con los colegios mayores y similares de nueva construcción, que suele ser la opción más cara, aunque con los servicios incluidos, para aquellos padres de fuera de la provincia que envían a sus hijos a formarse a estos centros de la periferia madrileña, en especial los privados. Un paseo por El Bosque deja fuera del disimulo este nicho de mercado que va a más. Es mediodía en la calle de Almonte, en la de Cigüela, la del Bidasoa… Vías poco transitadas y muy tranquilas a esas hora pero a tiro de piedra de facultades como las de Educación Física, Medicina y el propio edificio principal de este complejo educativo privado. Conocido por el público más joven por ser el escenario donde estaba Las Encinas, el colegio donde transcurría la serie 'Élite', emitida en Netflix. El ir y venir de chavales comienza a ser más perceptible conforme llega la hora del almuerzo. Autobuses metropolitanos que circundan la urbanización y los traslada a sus lugares de residencia. Pero, detrás de algunas vallas de los pareados de la calle de Tera, hay algunos detalles que alteran la aparente similitud entre viviendas. En una de ellas, donde debería estar la puerta del garaje, vemos una cristalera con visillos claros que dejan entrar la luz en un espacio no preparado para ser habitado. Es uno de los chalés donde sus propietarios sacan alrededor de 800 euros de ingresos extra arrendándolo como un pequeño apartamento. Algunos de estos estudios se promocionan en el portal Idealista.com. Consultadas por este periódico, fuentes de la empresa explican que todo es un reflejo de que «hay una necesidad de vivienda en Madrid y en toda España». «Ahora mismo, en Villaviciosa de Odón tenemos 43 pisos en alquiler. La situación está tan tensionada, que un chaval que llega a una zona nueva lo tiene complicado, porque los precios son muy altos y la competencia de familias que quieren hacerse con una vivienda es grande. Por un lado, si alquilas un piso a estudiantes, puedes sospechar que van a hacer fiestas, por ejemplo. Pero, al tener los estudiantes a sus padres detrás del acuerdo, el propietario teme menos que quien vaya a vivir ahí se quede como inquiokupa», explica el experto. El miedo a las okupaciones, de un tipo o de otro, es otro de los elementos, además de la propia escasez de al oferta, que tienen la culpa de los inasibles precios en el mercado inmobiliario en general. En lo que sí coinciden todas las fuentes consultadas en que «hay poco parque de alquiler en una zona así, con tantos estudiantes»: «Si encontrar un piso, 'per se', es complicado, si eres estudiante lo es más, tanto en Villaviciosa como en cualquier lugar, porque el mercado está en situación de emergencia». Acudimos a la dirección exacta donde se publicita el siguiente apartamento, en la calle en la urbanización El Monte. Está a una calle de uno de los accesos principales a la Universidad Europea: «Estudio en planta baja de chalé, con entrada individual, cocina y baño equipados». El propietario está en la puerta y, a la pregunta de ABC de si está alquilando el garaje, niega de medio a medio: «No, el garaje está ahí», afirma, señalando el portón verde para meter los coches, desde el que observa una mujer. Es una finca amplia, con una zona ajardinada a la derecha de la puerta, bastante destartalada, con la vivienda principal algo por encima del nivel del suelo y bajo la que se aprecian los ventanucos del sótano. Efectivamente, ahí lo que se ha habilitado como apartamento no es el aparcamiento individual, sino el espacio bajo rasante, escasísimo de luz natural. Las fotos del anuncio no dejan lugar a dudas: una pequeña cocina con barra de cemento y ladrillos; el típico pequeño bar en viviendas de este tipo, en su sótano; en unas baldas, una cafetera, un microondas, unas cuantas tazas y una pequeña vitrocerámica con un extractor que va al doble techo de pladur. En los supuestos 45 metros cuadrados del espacio, una especie de sala de estar diáfana y una zona para dormir separada por una librería, ademas del minúsculo baño. Cobran 800 euros al mes. Y no es de lo más caro: la mayoría de estas 'soluciones habitacionales', tirando del típico eufemismo, no se encuentran por debajo de los 1.200. Muy cerca de allí, tres estudiantes esperan a que escampe el chaparrón otoñal que refresca el mediodía. «Conozco a gente que vive en sitios así. Y no es algo que esté ocurriendo solo en Villaviciosa –explica Fernando, de 26 años y que cursa en la Europea de Madrid–. Yo soy de Villanueva de la Cañada y tengo un colega que estuvo alquilado en un garaje de ese tipo. Entré allí a verlo y era como un zulo: una habitación pequeña, oscura… Él era de Villafranca del Castillo, pero residía ahí porque buscaba algo barato, no era estudiante siquiera; aunque estas cosas sé que son normalmente para universitarios. Al ver los anuncios en internet, enseguida te das cuenta de que son sótanos o similares, porque los espacios son muy reducidos, las ventanas son de garajes y los hay que incluso tienen baño compartido». Este joven lo achaca a que en su municipio está la Universidad Alfonso X el Sabio, otro centro privado. Miguel, de 24 años, explica lo que sucede en su municipio de residencia, del que va y viene a Villaviciosa cada día para estudiar, como la tercera del grupo, Beatriz, de Humanes: «En Tres Cantos nos comienza a ocurrir algo parecido. Están alquilando pisos por 1.500 euros a estudiantes porque acaban de abrir un centro superior de estudios audiovisuales junto a la sede de Netflix. Es una vergüenza lo que está sucediendo». Un consultor del portal Pisos.com se queja de que en estos tipos de alojamientos «no siempre cumplen las condiciones de habitabilidad»: «Lo que notamos es que, cuando hay una universidad cercana, por ejemplo en el sur de Madrid, se añade más tensión en el mercado del alquiler. Suben los precios. Hay de todo, pero cada modalidad presenta ventajas e inconvenientes». Y esboza los siguientes ejemplos de su día a día laboral: «Las familias cuidan más la vivienda y dan más continuidad en el contrato. Si arriendas a estudiantes, se obtiene más rentabilidad [al cobrar por cada habitación], pero hay más rotación y se necesita más cuidar la vivienda. Estas diferencias se notan también entre los alquileres turísticos y los de corta estancia». Más allá, aún en El Bosque, se encuentran grandes fincas, como villas de lujo, en las que, en algunos casos, también se promocionan este tipo de alojamientos. Aquí, las estancias suelen ser similares a las de los adosados, y se suele convivir también con las familias de los propietarios, aunque de manera independiente. La diferencia principal es que los inquilinos también pueden disfrutar de servicios comunes como el jardín y la piscina. Pese a que todo huele a precariedad («Siempre hay alguna familia que, pese a tener una gran propiedad, puede estar pasando por un bache económico y ahí ven una ayuda», dicen en el sector inmobiliario), hay anuncios que sacan pecho de lo que ofrecen. Otros, directamente, dejan claras algunas deficiencias: «No tiene ventanas», aclaran unos caseros en Idealista.com. La ventaja para ellos con respecto a quienes compran un local y lo reconvierten en vivienda es que aquí, sus chalés, tienen cédula de habitabilidad en toda su extensión, sin necesidad de un permiso especial que exige ciertas características.