Pocas aves hay tan asombrosas como el vencejo común. Un ejemplo para los humanos
Su vida entera transcurre en el aire: come en vuelo, duerme en vuelo, se aparea en vuelo. Ni siquiera desciende para construir su nido, que arma con pequeñas fibras que recoge flotando en el viento. Una de sus facetas más bellas es su sentido de comunidad. Cuando un vencejo joven emprende su primer vuelo, no está solo, cualquier adulto que lo vea en apuros acudirá a escoltarlo o a darle un pequeño impulso hacia las alturas.