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Zorrilla, traidor, inconfeso y mártir

Abc.es 
La casa es encantadora, con su jardín recogido y sus cipreses altos. Allí nació Zorrilla , vivió su infancia hasta los diez años y volvió, ya mayor, como invitado ilustre, que es una forma elegante de decir que no tenía otra casa a la que volver. Todo respira un aire de buena familia, un poco destartalado, pero con memoria. Junto a la sala de música, el alma del lugar: la silla donde murió —sentado, porque el tumor cerebral no le permitía tumbarse—, la mesa, la máscara mortuoria. Objetos verdaderos que estuvieron a su lado cuando cayó el telón. Sin embargo, uno sale con la extraña sensación de que falta algo. Tenemos la casa y al genio. Pero no se ha... Ver Más

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