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Washington respalda a Milei, pero los bancos le cierran la billetera: modelo libertario bajo tensión

El corazón del programa económico de Javier Milei enfrenta una prueba crucial. Porque más allá del discurso del shock liberal y la promesa de un ajuste sin gradualismo, la realidad muestra algo distinto, el plan del presidente de Argentina depende cada vez más del apoyo financiero —y político— de Estados Unidos. Y esa dependencia quedó expuesta con el préstamo directo que Washington entregó a Buenos Aires para que pudiera pagar su deuda inmediata con el Fondo Monetario Internacional.

Ese movimiento, inusual y rodeado de hermetismo, permitió al gobierno argentino evitar un incumplimiento con el FMI, pero también dejó claro que la continuidad del modelo libertario está atada a las decisiones de la Casa Blanca. Sin esa asistencia, Milei habría enfrentado una turbulencia financiera mayor apenas semanas después de la victoria electoral a la que EE.UU. supeditó su apoyo.

Si bien Milei ganó tiempo, tal maniobra tuvo su propio costo. Ahora, cuando el gobierno del país vecino esperaba complementar ese respaldo con la segunda parte del plan de rescate de la Casa Blanca, a través del financiamiento de la banca privada estadounidense, surgió un nuevo obstáculo: los bancos norteamericanos solo están dispuestos a aportar cerca de un cuarto del monto que Argentina buscaba. Y esa negativa revela que ni siquiera dentro del sistema financiero existe pleno apetito por acompañar el proyecto económico con el riesgo que implica.

El presidente de Argentina, Javier Milei, y el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, se reúnen en Nueva York. Foto: Presidencia de Argentina.

Lo anterior, obliga al gobierno argentino a mirar nuevamente a Washington. Ahí es donde aparece la verdadera trama de esta crisis, el dinero estadounidense que llegó para pagar al FMI ya está comprometido, y cualquier nuevo apoyo también tendría un destino similar. En otras palabras, la Argentina de Milei no está obteniendo recursos para inversión, para crecimiento ni para recomponer reservas estructuralmente. Lo que está obteniendo —y lo que sigue buscando— es financiamiento, que genera deuda, para pagar más deuda.

En ese círculo empiezan a acumularse las tensiones. El salvavidas de Estados Unidos permitió un primer alivio, pero también abrió preguntas sobre cuánto está dispuesto a comprometer Donald Trump para sostener el modelo libertario argentino. Porque si la Casa Blanca quiere usar a Argentina como ejemplo de éxito económico ideológico, necesitará respaldarlo con recursos reales. Pero si esa prioridad es solo retórica, los apoyos podrían diluirse rápidamente.

Mientras tanto, las señales desde Washington son ambiguas. Un portavoz del Tesoro estadounidense declaró al Wall Street Journal que Estados Unidos mantiene su confianza en Milei y Luis Caputo (ministro de Economía argentino), destacando su “compromiso con los principios fundamentales”. Pero evitó entregar detalles sobre el monto del apoyo, las condiciones y la continuidad del financiamiento. Un mensaje de respaldo político, pero que no garantiza nada en términos concretos.

Javier Milei, presidente de Argentina; Luis Andrés Caputo, ministro de Economía, y Donald Trump, presidente de los Estados Unidos en el Despacho Oval. Foto: Casa Blanca.

En paralelo, el secretario del Tesoro, Scott Bessent, aseguró que la ayuda a Argentina ya ha generado “ganancias para el pueblo estadounidense”, intentando justificar internamente por qué la Casa Blanca está destinando dinero de los contribuyentes a apuntalar un gobierno extranjero con un largo historial de inestabilidad. No obstante, esas declaraciones no despejan las dudas: ¿Está realmente EE.UU. preparado para seguir sosteniendo financieramente a Argentina?, ¿o fue este préstamo un gesto puntual que podría no repetirse?

Las críticas empiezan a crecer. Brad Setser, exfuncionario del Tesoro durante la administración Obama, advirtió que no existe información clara sobre cómo se está usando el dinero prestado por EE.UU. y que esa opacidad es preocupante, considerando que se trata de fondos públicos. Sus declaraciones refuerzan la impresión de que esta asistencia se ha manejado con un nivel de discreción que no suele aplicarse en operaciones internacionales de esta magnitud.

Así, al mismo tiempo que Estados Unidos debate cuánto involucrarse, el problema local de la nación latinoamericana sigue intacto. El gobierno de Milei no logra generar confianza suficiente entre los inversionistas para obtener el financiamiento que necesita, sigue acumulando deuda para pagar deuda y las reservas internacionales continúan bajo presión. Todo, en un país que todavía no logra estabilizar su moneda, ordenar su frente fiscal ni recuperar dinamismo económico.

El presidente de Argentina, Javier Milei. Foto: World Economic Forum/Ciaran McCrickard.

En definitiva, el modelo libertario enfrenta un dilema central, promete independencia del Estado, del gasto público y de los organismos internacionales, pero termina dependiendo de ellos más que nunca. Sin el préstamo estadounidense, Argentina habría caído en incumplimiento. Y sin un apoyo adicional, corre el riesgo de volver a entrar en un ciclo de vulnerabilidad extrema.

La pregunta que queda sobre la mesa es si Trump está dispuesto a seguir poniendo dinero —y capital político— para sostener el experimento argentino, o si este primer préstamo será recordado solo como un parche que no resolvió el problema de fondo. Porque lo que está en juego no es solo la estabilidad del gobierno de Milei, sino también la señal que Estados Unidos quiere enviar a la región, si realmente América Latina se convertirá en una prioridad estratégica, o si la asistencia a Argentina fue solo un gesto aislado sin continuidad asegurada.

Por ahora, el modelo libertario no despega. Y su futuro dependerá menos de sus promesas y más de cuánto Estados Unidos esté dispuesto a seguir financiándolo.

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