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Alicia González, psicóloga, sobre por qué nos cuesta tanto desengancharnos de una relación tóxica: «A nuestro cerebro no le gusta no entender»

Abc.es 
Si algo huele o sabe mal lo rechazamos antes de metérnoslo en la boca. Puro sentido común con lo de no insistir en algo que nos puede hacer daño. No ocurre lo mismo con esa percepción con la comida en las relaciones. De ahí que muchos se empecinen en probar algo que ya saben de antemano que les puede ser perjudicial. Asi que es habitual ver cómo a nuestro alrededor haya quienes permanecen en relaciones tóxicas aún a sabiendas de que no les conviene, lo mismo que cuando vemos al compañero de al lado comiendo día a día ultraprocesados sabiendo que no es bueno para su salud. Algo que según la psicología es un mecanismo de defensa mental , al menos en lo que respecta a esto del amor. «A nuestro cerebro no le gusta no entender las cosas , los finales abiertos le repatean», sostiene Alicia González , psicóloga, escritora y conferenciante, que apunta que este es el motivo por el que ponemos por encima el anhelo de entender por qué nuestra pareja nos está tratando mal . «¿Por qué no me contesta? ¿por qué me está tratando así de mal?, nos preguntamos una y otra vez, decepcionados». En un vídeo publicado en las plataformas digitales, la experta en salud mental explica que cuando alguien te trata mal , en lugar de decir «esto a mí no me gusta, ya podrás tener las explicaciones que tú quieras, pero yo esto no te lo voy a tolerar», como nuestra cabeza no entiende, nos centramos en buscar el por qué de estas actitudes y dejamos de lado nuestro sufrimiento para buscar estas respuestas. A largo plazo provoca una desconexión de nuestras emociones y necesidades reales, indica la experta en la publicación, en la que advierte que, «mientras más nos disociamos para comprender a quien nos hiere, más nos alejamos de nosotros mismos». En esta dinámica, la dificultad para asumir el fin de la relación o para ponerle un límite se agrava porque la mente evita el vacío que genera la incertidumbre y el desconocimiento. Por lo tanto se pierde la conexión con el propio malestar y se normalizan conductas dañinas por parte de los demás . Este distanciamiento emocional no solo genera confusión interna, sino que también puede favorecer relaciones tóxicas o dinámicas de dependencia, ya que la persona deja de escuchar sus propias necesidades en favor de las del otro. Invita la experta en terapia de pareja - durante su intervención en el el pódcast Vidas Contadas - a reconocer que el sufrimiento personal no debe postergarse en búsqueda de explicaciones para la conducta del otro , y que poner límites es un acto de amor propio necesario para la salud mental, prioridad global en este 2025 que en unas semanas dejaremos atrás. La solución, indica la experta, pasa por volver a reconectar con uno mismo, y la terapia psicológica es un camino clave para lograrlo. Las resonancias magnéticas funcionales (fMRI) en diversas investigaciones han demostrado que una ruptura amorosa activa las mismas áreas cerebrales que se activan con el dolor físico , como el córtex somatosensorial y la ínsula. Además, se observa un estado de abstinencia emocional, similar al de los adictos, con activación de circuitos neuronales relacionados con la recompensa y el deseo. Esto se acompaña de una disminución de neurotransmisores como la dopamina y un aumento del estrés (cortisol) , lo que explica los síntomas físicos y emocionales como la falta de apetito, insomnio y pensamientos obsesivos.

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