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Padres, ballenas blancas y conejos

Abc.es 
Nathaniel Hawthorne , como tantos escritores, vivía en un mundo abstracto, mental, simbólico, lleno de fantasmas puritanos, letras escarlatas y metáforas religiosas. Tenía ideas brillantes que lo hicieron inmortal, pero el precio fue una presencia etérea en el ámbito doméstico. Un tipo que se asomaba poco a la vida real, que bajaba a la ciudad solo para recoger cartas, y que necesitaba, ante todo, soledad. Y sin embargo, un día, la vida le dio una oportunidad. Era el verano de 1851 y su esposa, Sophia, decidió irse de viaje con las hijas. Lo dejó solo con el hijo varón Julián, de cinco años, y un conejo llamado Conejito. Veinte días. Veinte. Solo con un niño que trepaba a los árboles,... Ver Más

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