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BCE y BIS alertan en 2025: la cifra que cambia el riesgo en aseguradoras

El BCE, en su último informe de estabilidad financiera (documentación oficial), recuerda que en Europa las aseguradoras gestionan activos equivalentes a un tercio del tamaño total del sistema bancario. A ello se suma un viejo dato conocido: en varios países, estas entidades llegan a acaparar hasta el 20% de la deuda pública en circulación, según cifras del BIS. Dos magnitudes que, sin ser la incógnita del artículo, bastan para comprender el calibre del asunto.

Pese a su tamaño, los bancos centrales llevan meses constatando un desajuste creciente. Tras años de tipos al 0% y compras masivas de bonos, las aseguradoras, especialmente las de vida, han movido sus balances hacia activos menos líquidos y más complejos. El movimiento ha sido lento, casi silencioso, pero el impacto potencial ya inquieta a supervisores en Europa, Norteamérica y Asia.

Por qué BCE y BIS señalan 2025 como el año del gran “punto de ruptura”

Variable Valor Fecha Fuente
Activos ilíquidos en carteras de vida 25% del total 2025 BCE

El dato clave que ha encendido la alarma

La cifra que cambia el diagnóstico es la brecha de duración entre activos y pasivos: según el BIS, ha caído de 4 años a solo 2. Esta contracción implica que las aseguradoras están más expuestas a ajustes rápidos en los mercados de tipos. En términos sencillos: si los movimientos de tipos antes afectaban a sus balances con un guante de invierno, ahora lo hacen con la contundencia de una ráfaga directa.

Una de las frases más contundentes la firma el BIS en su informe de 2025: “La transformación del sector ha introducido complejidades significativas y ha concentrado riesgos en jurisdicciones específicas”. El BCE coincide: “Los balances son hoy más sensibles a la volatilidad y menos capaces de absorber estrés”.

Derivados, liquidez y el riesgo del ‘apalancamiento sintético’

Para cubrir sus nuevos huecos de balance, las aseguradoras han disparado su uso de derivados. El BIS calcula que las posiciones brutas en derivados han pasado del 25% al 35% de los activos totales. Y aproximadamente un 30% de esas posiciones son derivados de tipos de interés.

Esta tendencia tiene un efecto directo: las llamadas de margen. Durante episodios de volatilidad, un repunte en los tipos puede generar, de golpe, necesidades de liquidez que antes no existían. En el día a día, esto se traduce en lo que explican los propios gestores: un lunes cualquiera, en plena reunión de riesgos con olor a café recalentado, puede aparecer una llamada de margen que obliga a liquidar posiciones con rapidez no planificada.

El Banco de España lo resume así en su nota técnica de 2024: “El uso de derivados puede generar requerimientos importantes de márgenes y propiciar ventas forzosas, amplificando pérdidas”.

Un sector global que ya ha ofrecido señales: el precedente Eurovita

El ejemplo que no pasó al telediario pero cambió la mirada de los reguladores

El caso Eurovita en 2023 mostró por primera vez lo que puede ocurrir cuando una aseguradora, sometida a ventas forzosas, debe liquidar bonos a pérdidas. La caída del ratio de solvencia de la italiana, del 230% al 130%, provocó rescates masivos y un salvamento de 10.000 millones. El BIS lo cita como “el primer aviso serio del nuevo ciclo”.

Aquella crisis, aunque breve, dejó una enseñanza: cuando los productos de vida garantizados pierden atractivo en un entorno de tipos altos, los clientes pueden retirarse muy rápido. Y cuando eso ocurre, el colchón de liquidez ya no actúa como amortiguador, sino como acelerador.

Qué ha cambiado en las carteras: más riesgo, menos liquidez

  • La renta variable ha subido del 15% al 20% en Europa y Asia desde 2019.
  • El peso de la deuda privada y los inmuebles crece a doble dígito en varios mercados.
  • En EEUU, un 18% de las carteras ya está expuesto a productos estructurados.
  • En Asia, crece el crédito inmobiliario, especialmente en mercados con burbujas regionales.

Este viraje es comprensible: en 2019, los rescates de productos financieros equivalían al 30% de las primas netas. Cuatro años después, ya eran el 50%. Con los tipos desplomados, las aseguradoras buscaron rentabilidad donde pudieron.

El verdadero riesgo sistémico: ventas forzosas en un episodio de estrés

Según el BIS, el escenario más temido no es una quiebra, sino una venta masiva, simultánea y en varios países. Las aseguradoras, que poseen entre el 20% y el 30% de los bonos soberanos en Europa y Asia, podrían provocar un salto brusco en las curvas de tipos si liquidasen posiciones ilíquidas bajo presión.

¿Puede pasar? Los bancos centrales creen que sí, si no se avanza rápido en la Unión de Mercados de Capitales y en regulaciones más claras sobre derivados y reaseguros. En palabras del BIS: “Durante periodos de escasez de liquidez, sus activos pueden ser objeto de ventas con grandes descuentos, amplificando pérdidas y desestabilizando el sistema”.

¿Y para el ciudadano? Un impacto silencioso pero directo

  • Mayores oscilaciones en los precios de los bonos → más volatilidad en fondos conservadores.
  • Productos de vida tradicionales menos atractivos → más riesgo trasladado al ahorrador.
  • Posibles ajustes en primas, especialmente en vida y ahorro.

En un ejemplo cotidiano: una familia con una póliza de ahorro ligada a bonos puede ver cómo un producto que prometía estabilidad empieza a mostrar rentabilidades dispares —como quien abre la factura de luz esperando 65 € y encuentra 77 € sin previo aviso.

2025–2026: qué vigilan ahora los reguladores

  • El uso creciente de reaseguros en jurisdicciones opacas.
  • El apalancamiento sintético derivado de coberturas masivas.
  • Los rescates rápidos en productos de vida en un entorno de tipos altos.
  • El riesgo de contagio a los bonos soberanos europeos.

Por ahora, no hay señales de crisis inminente. Pero los bancos centrales admiten que 2025 marca el primer año en que las aseguradoras dejan de ser, en conjunto, “amortiguadoras” del sistema para convertirse en posibles amplificadoras de inestabilidad.

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