Mario Flores, escritor: «Uno tiene que acomodar la verosimilitud del relato sin perder la esencia»
El escritor y columnista en ABC Córdoba durante varios años, Mario Flores, presenta su nuevo libro 'Ábside. La custodia del mal'. Con esta novela del Grupo Editorial Angels Fortune el autor se adentra en una sugerente trama que acabará por atrapar al lector hasta llevarlo a un final que ata todos los cabos que durante la novela parecen quedar sueltos. El traslado del ábside de Fuentidueña a Estados Unidos es el eje central de una novela que se presenta este sábado en el Círculo Lucentino. -¿Qué es lo que va a encontrar el lector en su nueva obra? -Es una novela llena de intrigas y suspenses. Es un thriller histórico podríamos decir. Tiene que ver con el traslado de un ábside que estaba en Fuentidueña (Segovia) y que lo adquirió Rockefeller, se lo llevó a Nueva York donde está a día de hoy. La novela no habla tanto de la controversia de la pérdida el Patrimonio, sino que se enfoca más en la idea de que en ese ábside se esconde un secreto. Hay una sociedad secreta que no quiere que se mueva por una razón potente, y se descubre al final de la obra. -¿Por qué convertir el ábside de Fuentidueña en el eje para una historia de suspense? -A mí me gusta mucho coger motivos históricos que en principio son desconocidos por el gran público, son elementos que no son muy famosos. En este caso, el traslado de un ábside de España a Nueva York en los años 50 es algo que puede pasar desapercibido para mucha gente. Con esta idea quiero hablar del traslado y elaborar en torno a ello una trama de suspense pues quiero que el lector conozca la historia y además se recree en una ficción que gira sobre este hecho histórico. Me mueve coger elementos históricos poco conocidos y dotarles de importancia. -¿Qué emociones pretende evocar en el autor? -Las emociones que va a suscitar en el lector tienen que ver con la intriga, con la emoción de no saber muy bien qué va a ocurrir a continuación y por qué está sucediendo una serie de acontecimientos en torno a ese traslado. Persecuciones, asesinatos, amenazas y quiero mantener en vilo al lector porque hasta que no llegue al final la novela no descubre la verdad. La emoción que se busca perseguir es tensión, conseguir provocar en el lector la tensión permanente hasta que llega al final de la obra y ya todo se desvela a modo de catarsis. -¿Cómo ha sido el proceso de documentación? -Nos gusta mucho viajar a Nueva York. Tenemos una vinculación ya con la ciudad, vamos muchas veces y nos gusta mucho estar por allí. Y conociendo la existencia del ábside de Fuentidueña que está allí, me inspiró un poco la idea esta. Tenemos un documento material en Nueva York que pertenece a España y sobre esta cuestión me gustaría darle un poco de importancia al hecho y que se conozca. Eso fue un poco lo que me inspiró a la hora de decir: tengo que escribir una novela sobre esta cuestión y para ello qué mejor que montar una trama de intriga alrededor de eso. -¿Cómo se equilibran tantos subgéneros dentro de una misma novela sin perder la verosimilitud? -Algunas veces, haciendo trampas y te digo por qué. El ábside de Fuentidueña fue llevado a Nueva York en 1957, pero yo lo he llevado en 1948, me he tomado esa licencia y lo aclaro al final del libro. Los tiempos no son exactamente los que se corresponden con la realidad. Tuve que forzar un poco el tema de los tiempos por distintas razones. Uno tiene que acomodar de alguna manera la verosimilitud del relato, que nunca pierda lo que es la esencia porque lo que se cuenta fue aproximadamente como lo cuento en la novela, el traslado, pero en otra fecha. Se respeta la esencia del hecho.