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Ángel Haro pasa las horas previas al derbi en Ochando, el nuevo restaurante con estrella Michelín en Sevilla

Abc.es 
El presidente del Real Betis , Ángel Haro , ha pasado este sábado las horas previas a la disputa de El Gran Derbi almorzando en Ochando , el nuevo restaurante con estrella Michelín de la provincia de Sevilla situado en la localidad de Los Rosales. Ha sido Ochando noticia esta semana porque este pasado martes fue distinguido por la Guía Michelín con una de sus estrellas en la gala celebrada en Málaga, siendo el tercer restaurante de Sevilla con este galardón gastronómico, junto a Abantal y Cañabota. Al término del almuerzo y antes de finalizar la visita, Haro dialogó con los dueños y diversos empleados de Ochando y regaló al chef Juan Carlos Ochando una camiseta de la primera equipación de la presente temporada 25-26, con el nombre de este templo gastronómico de la provincia de Sevilla y el número '1'. Ha sido el propio restaurante en su cuenta de Instagram , @ochandorestaurante , el que ha publicado una historia con la foto en la que posan Juan Carlos Ochando y Ángel Haro con la camiseta del Betis regalada por el presidente de la entidad heliopolitana. Se da la circunstancia de que Ochando es ferviente seguidor verdiblanco, mientras que su mujer lo es del Sevilla , lo que en muchas familias ocurre y que da tanto sentido a la sana rivalidad entre aficionados de los dos equipos. Fue el pasado martes cuando la Guía Michelin 2026 entregó a Ochando este galardón, un reconocimiento que confirma la pujanza de la cocina sevillana y que convierte a este pequeño restaurante de la Vega del Guadalquivir en la tercera estrella activa de la provincia, junto a la histórica Abantal y la conseguida por Cañabota en 2021. Su idea fue simple y ambiciosa a la vez: crear un restaurante que llevara al menú la cocina que les formó, la de los guisos , los fondos trabajados y los sabores de raíz, pero con una mirada contemporánea y un respeto absoluto por el producto local. Su cocina ha evolucionado desde los primeros meses —cuando aún sobrevivían entre croquetas y albóndigas— hacia una identidad firme donde p rima el guiso, el sabor profundo y la técnica silenciosa. La sala , íntima y con apenas siete mesas , es otra de las claves: un espacio acogedor que recoge el ritmo rural del entorno y la cercanía que ellos mismos reivindican como valor fundamental. Allí, el comensal es parte del hogar , no solo del restaurante.

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