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Juanfran Pérez Llorca tras Teotoburgo

Abc.es 
Cuando se enteró del desastre, el emperador Augusto gritaba enfurecido: «¡Quintilio Varo, devuélveme mis legiones!». Varo era el cónsul romano que había dirigido inconscientemente a las legiones al desastre del bosque de Teotoburgo , donde fueron aniquilados más de veinte mil romanos por los germanos de Arminio. Una vez superado el disgusto por la catástrofe, le tocaba a Augusto garantizar las fronteras de Roma, ya que estaban en riesgo debido a la euforia de los germanos tras su victoria. Algo menos dramático, aunque no necesariamente menos enrevesado, afronta ahora Juanfran Pérez Llorca , encargado de restaurar la confianza en el Gobierno valenciano tras un año en el que la DANA dejó a Carlos Mazón en una posición delicada, por decirlo suavemente. El fracaso de Varo se debió, entre otras cosas, a la habilidad de Arminio para cambiar de bando con una discreción admirable. Mazón, por su parte, confió en el presidente Pedro Sánchez durante los primeros días de la catástrofe, lo cual tuvo un efecto parecido al de confiar al zorro la supervisión del gallinero. La ayuda tardó en llegar; la narrativa del batallón de opinión sincronizada, no tanto. Y Mazón contribuyó a la confusión con una sucesión de explicaciones que invitaban, más que a la claridad, a la interpretación libre. Los historiadores rara vez coinciden, pero casi todos están de acuerdo en que Varo aparece poco favorecido en sus relatos. Con Mazón, sospecho, ocurrirá algo similar. Aunque siempre cabe la posibilidad de que su salida del foco mediático lo lleve a un reposo que algunos podrían llamar «olvido» y otros «tregua no solicitada» . La izquierda valenciana, sin embargo, parece decidida a no permitir ninguna de las dos cosas. Sinceramente, yo esperaba de Pérez Llorca un discurso prudente, casi protocolario, siguiendo el ejemplo de Augusto o de su sucesor Tiberio: evitar sobresaltos y asegurar límites. En lugar de ello, abrazó su espíritu germánico, en el sentido histórico, no identitario,: el de Germánico, hijo adoptivo de Tiberio y próconsul en Germania, que destrozó a los germanos en Idistaviso y recuperó varias de las águilas romanas que habían sido capturadas. La prepotencia, esta vez, costó cara a estos ante unos romanos que sí solían aprender de los errores sufridos. La oposición socialista de José Muñoz y el nacionalismo de Joan Baldoví intentaron reducir al nuevo president a un papel secundario, llamándolo «el dos de Mazón» o «el dos de Vox». Pérez Llorca respondió con una serenidad que rozaba la condescendencia, recordándoles, por ejemplo, que el famoso «dos de Mazón» del que se burlaban era menos noticia que el «dos» del día: José Luis Ábalos y su inesperado paseo hacia la cárcel. Ábalos había sido el dos de Sánchez y también el de la candidata socialista en Valencia, Diana Morant. Lo cierto es que lo de señalar números dos aquel día no era una buena idea para los socialistas. Aún más británico fue el episodio sobre inmigración ilegal. Pérez Llorca tejió una trampa para incautos cuando, en su discurso, hizo un recordatorio del imprescindible control de la inmigración ilegal. Al ser tachado de fascista, se limitó a recordar que había pronunciado exactamente las mismas palabras que el presidente del Gobierno catalán, y socialista, Salvador Illa . Las caras de los diputados de la bancada de la oposición generaron, sin duda, más de una sonrisa en la del Gobierno. La pausa posterior, tan silenciosa, habría hecho las delicias de cualquier guionista de la BBC. Germánico venció a los germanos en el barro, y me temo que a Pérez Llorca le tocará hacer lo mismo. Dudo que le den ya no cien días de tregua, sino ni cien minutos. Pero, de momento, ha demostrado buenas habilidades, y su experiencia como político cercano y calmado puede ser su mejor aval en estos momentos, en los que hace falta mantener la cabeza mientras a tu alrededor todos la pierden. Vox, por su parte, ha optado por evitar una nueva convocatoria electoral, un gesto que podría calificarse, sin exageración, como sensato y de agradecer. En contraste, el PP nacional decidió no prestar demasiada atención al relevo en una de las comunidades más relevantes del país. Una estrategia de comunicación que deja preguntas interesantes, sobre todo cuando el propio partido se pregunta por qué su líder no mejora en las encuestas. El silencio, al parecer, no siempre es oro. A Pérez Llorca solo queda desearle la mejor de las suertes. Germánico aprendió de los errores de Varo y, vista la escena valenciana, no sería mala idea seguir ese camino. El viaje acaba de empezar ; esperemos que, al menos, esté mejor señalizado que el bosque de Teotoburgo.

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